El juez Castro insinúa que el abogado de la infanta intentó tenderle una trampa
Revela en una carta a su colega del caso Ausbanc que Roca le invitó a una «reunión clandestina».
El juez José Castro conversa con los periodistas, en una imagen de archivo. MONTSERRAT T. DIEZ
m. sáiz-pardo | madrid
El caso Ausbanc-Manos Limpias toma derroteros cada vez más inesperados. El juez instructor del caso Nóos, José Castro, ha irrumpido en el sumario de la Audiencia Nacional con una carta remitida a su colega Santiago Pedraz en la que denuncia que el abogado de la infanta, Miquel Roca, y su equipo, le invitaron a una extraña «reunión clandestina» a finales de 2013 en algún paraje escondido de miradas indiscretas en Palma o Barcelona.
Aunque el magistrado nunca aceptó el ofrecimiento, en su carta insinúa claramente que teme que aquella oferta en realidad encubriera una celada para desactivar su investigación o ponerle en un aprieto. Es más, el magistrado se pregunta si esa supuesta trampa no ha sido el sistema con el que el equipo jurídico de la hermana del jefe del Estado ha conseguido involucrar al supuesto tándem de los líderes de Manos Limpias y Ausbanc, Miguel Bernad y Luis Pineda.
En su misiva, Castro explica que él mismo intentó el pasado 22 de abril contactar telefónicamente con Pedraz para ofrecerse como testigo y que, ante la falta de respuesta del magistrado, ha enviado el escrito en cuestión denunciando las maniobras de Roca. Según la carta, fue el abogado en Palma del bufete de Roca, Jaume Riutort, el que hizo de intermediario para esa cita.
Riutort, de acuerdo con la versión del juez, le visitó varias veces en su despacho para intentar «obtener la primicia informativa» de si Castro iba o no a citar finalmente como imputada a la infanta, después de que en primera instancia la Audiencia Provincial de Palma paralizara la primera citación.
A finales de 2013, señala Castro, aquellas visitas derivaron en la petición de Roca para tener una «reunión altamente secreta». El juez de Palma dijo que el ofrecimiento le sorprendió porque «la puerta de mi despacho siempre ha estado abierta para cuantos letrados han querido acceder a él sin necesidad de pedir cita previa, sino el hecho de que mi interlocutor enfatizara las condiciones en que esa reunión debería celebrarse». El tema de discusión era «obvio»: «Roca y yo no teníamos más tema en común que el de Cristina de Borbón».
El lugar de la reunión sería una finca en Barcelona o Mallorca «y que por lo que deduje, o quizá se me dijo, se trataría de rústica, garantizándome insistentemente que estaría al abrigo de periodistas y fotógrafos, asegurándome, en definitiva, la más completa intimidad». Castro rechazó el ofrecimiento y no tuvo más respuesta. Relata que luego se olvidó del tema, no sin antes comentárselo al fiscal del caso, Pedro Horrach, que dijo que «no» sabía nada del asunto y no pidió más explicaciones.
Sólo se acordó de aquel episodio tras la captura del líder de Manos Limpias. «No pude evitar que al tiempo que ese supuesto proceder me generara una gran vergüenza, me asaltara también la duda de si no se le habría hecho a la acusación popular ejercida por Manos Limpias un ofrecimiento similar al mío y que, al contrario que éste, aquel sí llegara a ser aceptado por su destinatario, y que fuera en el seno de esas reuniones donde tuvieran lugar las ofertas o exigencias que luego denuncia quien precisamente pudo haberlas propiciado», señala en su escrito a Pedraz.
Es entonces cuando Castro, de manera velada, apunta la posibilidad de que Roca y los suyos también trataran de jugársela a él para desactivar su investigación.
La versión de Castro tiene muchas coincidencias con la Miguel Bernad, quien aseguró ante Pedraz que fue Roca y su entorno, y no viceversa, el que propuso pagar tres millones de euros para librar a la infanta del banquillo. Oferta que Manos Limpias, según el imputado, rechazó.