La vieja Convergència choca con las ideas de ruptura que defienden las bases

El acercamiento de CDC al PP lastra la credibilidad de los objetivos de la refundación del partido.

El nuevo presidente del PDC, Artur Mas, junto a la vicepresidenta electa, Neus Munté. ALBERTO ESTÉVEZ

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León

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cristian reino | barcelona

La nueva Convergència, bautizada como Partit Demòcrata Català (PDC), nació hace dos semanas como una formación «demócrata, catalanista, independentista, europeísta, humanista y republicana». Más aún, la formación de Puigdemont y Mas abrazó sin ambages la «unilateralidad» como vía para alcanzar el estado catalán y así lo ha plasmado en sus bases fundacionales.

Sin embargo, a las primeras de cambio, ese aire nuevo y a la vez rupturista que le dio el congreso de la refundación se ha puesto en cuestión y la vieja CDC se ha vuelto a dejar ver en el Congreso de los Diputados como si no hubiera un proceso de desconexión en marcha. Desde el independentismo incluso han comparado a Francesc Homs con Josep Antoni Duran Lleida y en Barcelona han vuelto a escucharse conceptos que se daban por caducos como ‘peix al cove’ (más vale pájaro en mano), la ‘puta y la ramoneta’ (jugar a dos bandas) o el pacto del Majestic.

Los movimientos en Madrid del PDC han descolocado a propios y extraños y han generado una fuerte controversia (interna y con sus socios de ERC y también con la CUP), ya que mientras en la Cámara catalana Junts pel Sí aprobaba las conclusiones del proceso constituyente junto a la CUP y apostaba por aplicar «mecanismos unilaterales» para hacer efectiva la separación de Cataluña del resto de España, con una amenaza de desafío al Constitucional que puede consumarse la semana que viene, en el Parlamento español los diputados convergentes se abstenían y facilitaban la elección de Ana Pastor y blindaban las vicepresidencias de populares y Ciudadanos.

De un plumazo, Francesc Homs y sus compañeros de bancada han desvirtuado el objetivo de la refundación, que no era otro que crear un partido nuevo para aclararse ideológicamente y liberarse de las mochilas del pasado. Sobre todo la que tiene que ver con Jordi Pujol, que ironías del destino, hace dos años que reconoció haber ocultado al fisco una fortuna millonaria durante tres décadas en Andorra. Fuentes del sector crítico creen que es «incompatible» pactar con el PP en Madrid y al mismo tiempo poner la proa mirando a Ítaca. «Hay cosas que se siguen haciendo como en el viejo partido. Hay dinámicas que no han cambiado. Si queremos culminar el proceso hacia la independencia, no podemos hacerlo pactando con el PP a las primeras de cambio», señalan. Estas mismas fuentes consideran que Homs debería haber sido desautorizado por los dirigentes del partido, aunque esta posibilidad era complicada porque esta semana ha habido vacío de poder (los nuevos cargos se votaron ayer) en la formación. En cualquier caso, tanto Artur Mas como Carles Puigdemont han guardado silencio respecto a los movimientos de sus delegados en el Congreso y en política el que calla otorga.

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Porque el acuerdo que el propio Rafael Hernando (PP) ha reconocido más o menos que existe, aunque Homs no lo confirme, forma parte de una estrategia «instrumental», como ha afirmado Santi Vila, para conseguir el grupo propio. Pero también puede ir más allá. CDC quiere jugar un papel diferente en los próximos meses. Puede recuperar su alma pactista.