LA INVESTIDURA: VOTACIÓN
Rajoy pierde el primer intento de volver a ser presidente y el futuro se enturbia más
170 votos apoyan al popular frente a 180 en contra, un escenario que arroja a las terceras elecciones si no hay cambios.

Mariano Rajoy, pensativo, en la bancada de los populares en el Congreso de los Diputados. JUAN CARLOS HIDALGO
ramón gorriarán | madrid
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez sembraron de minas el terreno para un próximo debate de investidura. Sus posturas son irreconciliables y sus relaciones, gélidas. El líder del PSOE no reclamó nada al candidato porque nada tenía que pedir a quien «no es de fiar». El presidente sí pidió, esta vez de forma explícita, la abstención de los socialistas, pero desde la convicción de que era inútil porque Sánchez antepuso la solución de sus problemas en el PSOE a «las conveniencia de los españoles». No volaron los puentes, porque ya estaban dinamitados, esta vez envenenaron las aguas del acercamiento.
Tras casi diez horas de intervenciones, el marcador del Congreso no deparó sorpresas y 180 diputados rechazaron la investidura de Rajoy y 170 la apoyaron. El resultado no por esperado fue menos descorazonador para el PP, sobre todo por el clima agreste en que se desarrolló del debate. Las diferencias parecen irreconciliables, pero no solo entre populares y socialistas; la inquina que se profesan Podemos y Ciudadanos lleva camino de igualar a la de los dos viejos partidos. Además la sima entre el PP y los nacionalistas se ahondó varios metros, en especial con el PNV, con el que pasaron de tener una educada indiferencia a una beligerante diferencia.
Pero la confrontación entre los partidos de Pablo Iglesias y Albert Rivera, con ser de alto voltaje, así como el choque con los nacionalistas no determinarán si se celebra otro debate antes del 31 de octubre, día en que se tendrían que convocar nuevas elecciones en diciembre si nadie logra ser investido. Darán colorido y subirán la temperatura al duelo parlamentario, pero no influirán en la elección de presidente del Gobierno porque ese es un asunto de dos. Del PP reforzado por el acuerdo con Ciudadanos, y de los socialistas. Rajoy dice que lo volverá a intentar, aunque si comprueba que Sánchez sigue incólume en sus intenciones negativas se replanteará sus planes y habrá terceras elecciones en un año. El candidato del PP está persuadido de que si fuera por el líder socialista ese destino sería inevitable, pero aún confía en que el debate que se cocina en el PSOE tuerza la voluntad de su secretario general.
El debate, por lo demás, fue intenso dentro del inevitable aburrimiento que caracteriza a estas sesiones, fue, desde luego, más vivo que el discurso del candidato de la víspera, criticado en privado hasta por sus correligionarios. Rajoy demostró que es un parlamentario de altos vuelos cuando se desprende del corsé de los discursos escritos, y armado con las dosis justas de socarronería fue apabullante con sus contrincantes, en especial con Sánchez y el líder de Podemos. Al secretario general del PSOE le reconoció que ya había entendido «todas las partes del no». Ahora bien, acotó, si él mismo y su partido eran «la quitaesencia de todos los males», y a pesar de ello aventajana en 52 escaños a los socialistas, qué se podría decir «de la trayectoria» de Sánchez al frente del PSOE. «¿Si yo soy tan malo, cuánto de malo es usted? ¿Pésimo?».
Aunque dijo «fiarse de la palabra» del líder socialista cuando dice que no habrá terceras elecciones, Rajoy no se fía un pelo. «No le pido que me otorgue su confianza, le pido que se abstenga, no le pido que se comprometa a nada» en el futuro. Sánchez, que no pudo reprimir la sonrisa ante el sarcasmo del candidato, se reafirmó en su negativa «rotunda» porque el candidato «no es de fiar» por sus políticas y porque el PP es un partido corroído por la corrupción. No dejó ni un resquicio al mínimo acercamiento ni siquiera por «un mal entendido sentido de Estado». Pero tampoco mostró sus cartas, no dijo si iba a intentar construir un acuerdo alternativo al de Rajoy y endosó al candidato la responsabilidad de que haya nuevas elecciones.
El líder del PP volvió a tirar de ironía en su duelo con Pablo Iglesias, al que definió como un hombre «estupendo, quintaesencia de todas las virtudes, el único decente, el único demócrata, el único al que nada es capaz de presionar». En cambio los del PP, reiteró, «somos malos por razones genéticas». Fue su respuesta a un brutal y rancio ataque del líder de Podemos, que aludió a los orígenes «franquistas y absolutistas» del PP, «el partido de la corrupción» a diferencia del suyo, que es «el partido de la gente». El líder del PP no perdió la media sonrisa y preguntó a Iglesias «¿si a Podemos le votan los estudiantes, los abuelos, catedráticos o comerciantes, quién vota a los demás. ¿Los ricos, o gente despistada?». «Nadie —remató— tiene el patrimonio de la gente, ni ustedes ni nosotros, quizá nosotros un poquito más» porque el PP tiene tres millones de votos más.
La esgrima sarcástica fue, no obstante, la excepción. El líder de Podemos trató sin éxito de arrancar un compromiso al secretario general del PSOE para explorar un acuerdo alternativo a Rajoy. Pidió a los socialistas olvidar «diferencias, agravios y recelos mutuos» del pasado para iniciar una nueva etapa. «Ya es hora de decidirse», emplazó a Sánchez. Ni el líder del PSOE ni nadie de su partido respondieron.
El blanco de los golpes
Ciudadanos fue objeto de las invectivas de PSOE y Podemos por su pacto con el PP. Sánchez denunció el tufo a «patrioterismo» del acuerdo mientras que Iglesias bautizó a Ciudadanos como «la filial naranja» de los populares. Rivera no renegó de su pacto, pero justificó su implicación porque había que elegir «entre lo malo (mantener el bloqueo) y lo menos malo (entenderse con el PP)», y se permitió, pese a no ser el candidato a la investidura, a animar a Sánchez a que ponga «condiciones» a Rajoy a cambio de su abstención en la votación del viernes. «Exija para que esto se ponga en marcha».
Tras la votación, el campo de batalla quedó sembrado de diferencias y ningún acercamiento entre los protagonistas. Las posiciones quedaron como estaban antes de que empezara el debate y nada hace pensar que vayan a producirse movimientos antes de la votación de este viernes. De haberlos, admiten fuentes de los cuatro principales partidos, será después de las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre.
