Iglesias escenifica en el Congreso su renovado espíritu de combatividad
El líder de Podemos tuvo que ser llamado al orden por la presidenta de la cámara.
Los diputados de Podemos protagonizaron una protesta al inicio del pleno celebrado ayer. J. J. GUILLÉN
ander azpiroz | madrid
El anunciado espíritu combativo de Unidos Podemos para esta legislatura se dejó sentir ayer en el Congreso con toda su fuerza. Pablo Iglesias ha desdeñado a lo largo de los últimos días la utilidad de la Cámara baja al contar sólo con 67 escaños, pero no parece dispuesto a renunciar al escaparate que le proporciona el estar presente en ella.
Los diputados de Podemos han demostrado en distintas ocasiones su gusto por unas puestas en escena que, por norma general, han sido mal acogidas por el resto de grupos. Ayer la bancada morada volvió a sorprender al pleno al alzarse al unísono con un cartel por la defensa de los Derechos Humanos y su respeto en los Centros de Internamiento de Extranjeros. Más aún, los diputados abandonaron sus escaños para depositar sus carteles en el escaño vacío del ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz.
A diferencia de en otras ocasiones, ayer la presidenta del Congreso tomó cartas en el asunto. Ana Pastor exigió el respeto al reglamento de la cámara y, en referencia al escrache a Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid, instó a no dejar «que una foto valga más que una palabra». Los aplausos posteriores de los grupos del PP y Ciudadanos desataron la tormenta en el hemiciclo, hasta el punto de que Iglesias tuvo que ser llamado al orden al intentar replicar, visiblemente enfadado, sin el turno de palabra.
Más allá de la anécdota este episodio viene a confirmar la nueva estrategia de Podemos. Iglesias y su círculo más cercano están convencidos de que buena parte de la culpa de su fracaso en las elecciones del 26 de junio se debió al tono moderado con el que se empleó el candidato durante la campaña. Entonces, convencido de que el ‘sorpasso’ al PSOE era un hecho, Iglesias tendió la mano, sacó a relucir su lado más templado y evitó los enfrentamientos directos con el fin de ganarse el apoyo socialista para un Gobierno con él como presidente. Pero esos cálculos fallaron. Ahora el secretario general de Podemos defiende que la única forma de «asaltar el poder» es recuperar el discurso radical que en apenas dos años llevó a su formación a convertirse en la tercera fuerza nacional, aunque para ello deba enfrentarse a compañeros de partido como Íñigo Errejón que abogan por la moderación como único camino hacia el triunfo.
El giro hacia posiciones más radicales también encaja con la estrategia de Unidos Podemos para erigirse en líder de la oposición frente a un PSOE que, todo apunta, permitirá con su abstención la investidura de Mariano Rajoy. Así, una de las armas de la coalición de Iglesias a lo largo de esta legislatura será contrastar ante el electorado de izquierda la tolerancia de los socialistas ante un nuevo Ejecutivo popular con su oposición de rechazo frontal a cualquier política del PP.