Los archivos de ETA alcanzan los 40.000 objetos y documentos

Los efectos, que estarán analizados antes de fin de año, proceden de 46 operaciones distintas .

Agentes de la policía controlan el acceso al barrio de Serres en Ascain, donde se encontraba Mikel Irastorza Artola. JUAN HERRERO

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León

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colpisa/ m. sáiz-Pardo | madrid

El listado más esperado ya está en manos de los expertos del Ministerio del Interior. Un elenco de más de 40.000 objetos y documentos, en el que se recogen todos y cada uno de los «efectos» que las fuerzas de seguridad francesas han incautado a la banda terrorista ETA desde 1997, según han revelado esta semana mandos de la lucha antiterrorista española. Es el albarán de los ya conocidos como ‘archivos de ETA’. Y ahora empieza «el ingente trabajo» de analizar, expurgar y seleccionar ese material.

El objetivo es hacer una triple clasificación: separar por un lado los efectos con valor para aclarar atentados sin resolver; por otro los objetos y documentos con valor histórico, pero no penal; y por último los documentos y pertrechos que no se van a reclamar a Francia por carecer de interés.

Una treintena de especialistas de los servicios de Información de la Guardia Civil y de la Policía, junto con miembros de la Fiscalía de la Audiencia Nacional trabajan desde el pasado abril para sistematizar todo ese material. Los técnicos confían en poder haber acabado ese trabajo a finales de este año. El listado contiene todo el material incautado en las últimas 46 operaciones antiterroristas en suelo galo. Y, aunque el elenco está formado por 40.000 «entradas genéricas», la realidad es que el número de papeles y objetos es mucho mayor.

El Gobierno francés ya ha anticipado que todo lo que reclame el Ministerio del Interior acabará en España, a excepción de los efectos que tengan relación con sumarios todavía abiertos en el país vecino. Los especialistas de Interior explican que el albarán contiene elementos de lo más heterogéneo: hay centenares de armas («más de las que tiene ahora ETA», aclaran mandos de la Guardia Civil); ropa interior y cepillos de dientes de dirigentes de la banda terrorista con ADN; centenares de actas de reuniones; fotografías de activistas para elaborar carnés falsos «y que podrían tener gran interés policial»; viejas cintas de casete; vídeos en VHS; publicaciones internas; fotocopias, manuales sobre explosivos o armas; cajas-bombas de puros, bombas-lapa; e «incluso las anotaciones sobre seguimientos a posibles objetivos, en los que se detalla que el mejor momento para asesinar a la víctima es cuando lleva a sus hijos al colegio». «El trabajo de clasificación está siendo brutal», reconoce sin ambages uno de los oficiales de la Guardia Civil encargados de coordinar el análisis.

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Lo único que tienen claro en Interior es que la prioridad es el envío de los efectos que puedan tener «relevancia penal» y, luego, pero ya en segunda instancia, los objetos y documentos de «carácter histórico». Una y otra vez, los responsables de esta gran operación de análisis, repiten que el «objetivo principal» es obtener pruebas para aclarar alguno de los entre 200 y 300 atentados de ETA que aún no tienen autor conocido, incluidos aquellos que hayan podido prescribir.