El Gobierno rehúsa presentar su proyecto de reforma constitucional

La vicepresidenta rechaza las presiones y deja en manos de la oposición promover el debate.

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León

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nuria vega | madrid

No será el Gobierno de Mariano Rajoy el promotor de una reforma constitucional que el PP ni tan siquiera incluía en su programa electoral. Menos aún con el principal partido de la oposición en pleno proceso de reconstrucción interna. En La Moncloa se muestran reticentes a favorecer una modificación de la Carta Magna, que una vez planteada puede remover los cimientos del sacrosanto texto legal, sin garantías de hacia dónde se camina. Es por eso que Soraya Sáenz de Santamaría dejó ayer en manos del resto de grupos parlamentarios impulsar el debate, si es que lo estiman oportuno.

En su primer cruce parlamentario con el número dos de Podemos, la vicepresidenta instó a Íñigo Errejón a elaborar su propia propuesta en lugar de conminar al Gobierno a dar el primer paso. «La Constitución se ha reformado dos veces y las dos por iniciativa legislativa de esta Cámara (.); puede también usted hacer algo y dejar sólo de preguntar al Gobierno», espetó desde la bancada azul.

Las pretensiones de Podemos van más allá del espíritu de la Carta Magna que el Ejecutivo pretende preservar. Errejón censura, de hecho, que el próximo 6 de diciembre, en el aniversario de la aprobación del texto, los partidos constitucionalistas vayan a calzarse el traje «para hablar de cosas de hace 40 años» con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, «citando» a su referente, Adolfo Suárez.

Pero la defensa del derecho de autodeterminación que el partido de Pablo Iglesias incluyó en sus campañas electorales trastocaría, recuerda Sáenz de Santamaría, «la esencia de la nación misma» y, por lo tanto, uno de los pilares del texto actual.

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Aun así, con la tranquilidad de quien cuenta con una mayoría absoluta que le permite el bloqueo en el Senado, el PP no teme lo que esté por venir. Los populares anticipan que la Constitución sólo podrá ser actualizada si cuenta con el mismo consenso de 1978. Es el planteamiento que enarboló ayer la vicepresidenta en el Congreso cuando desacreditó a Podemos por sus desavenencias internas y sostuvo que los cambios constitucionales son «trabajo de algo más que de minorías ruidosas». «El éxito de la Constitución de 1978 fue que, siendo un producto de todos, servía para dar cobijo a todos -recordó también al PSOE-, y eso es lo que tenemos que buscar, eso es lo que se llama concordia».