Los planes del Gobierno sitúan ahora a Ciudadanos como un socio secundario
Villegas reconoce que no está siendo fácil mantener el acuerdo, aunque también admite que la formación naranja debe ser realista.
Mariano Rajoy y Albert Rivera, el día que sellaron el acuerdo para la investidura. JUAN CARLOS HIDALGO
r. gorriarán | madrid
A las primeras de cambio el PP ha relegado a Ciudadanos, el socio de referencia para la investidura de Mariano Rajoy, a un papel secundario. Una situación que incomoda en el partido de Albert Rivera aunque al mismo tiempo asumen que el peso parlamentario coloca a los socialistas en mejor posición para negociar. Con todo, la formación liberal se replanteará mantener la alianza si el incumplimiento de los acuerdos se ahonda.
Mientras las delegaciones del PP y Ciudadanos negociaban el acuerdo de 150 puntos para la investidura de Rajoy, dirigentes del partido gubernamental eran muy escépticos sobre la viabilidad de llevar a la práctica parlamentaria ese documento. La suma de los diputados de ambos partidos es 169, uno más con Coalición Canaria. Pero tenía un valor, el de atraer a los socialistas porque más de un dirigente del PSOE había transmitido al PP que si lograban forjar una alianza que llegara a los 170 apoyos, ellos facilitarían la investidura con su abstención. Un compromiso que luego quedó en nada por el empecinamiento de Pedro Sánchez en el ‘no’, pero que sirvió de acicate al PP para cerrar el acuerdo con Ciudadanos. Un compromiso que luego quedó en nada por el empecinamiento de Pedro Sánchez en el ‘no’, pero que sirvió de acicate al PP para cerrar el acuerdo con Ciudadanos.
Un pacto al que Rivera siempre dio mucha más importancia que Rajoy. El presidente del Gobierno siempre tuvo entre ceja y ceja que el aliado, con papeles o sin ellos, tenía que ser el PSOE y lo dejó muy claro en sus intervenciones en el debate de investidura, en las que llegó casi a olvidarse de Ciudadanos mientras cortejaba a los socialistas.
Fue echar a andar la legislatura y empezar los problemas entre el PP y Ciudadanos. Los de Rivera exigieron un aumento del techo de gasto del orden de los 2.000 millones para financiar las políticas sociales incluidas en su acuerdo —complemento salarial, programa contra la pobreza infantil o un plan de activación del empleo, entre otras—, pero se encontró con una rebaja de 5.000 millones y casi sin posibilidad de negociar nada. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ninguneó a los líderes liberales, una actitud que incluso admiten dirigentes del PP disconformes con esa actitud. Rivera, que desearía tener una conversación diaria con Rajoy, se quejó al presidente, y el número dos de Ciudadanos, José Manuel Villegas, hizo lo propio con Soraya Sáenz de Santamaría.
La recuperación del dinero que dejaron de tributar los beneficiarios de la amnistía fiscal de 2012 iba a ser el primer examen a la seriedad del acuerdo entre ambos partidos. Ciudadanos puso fecha, el 30 de noviembre, porque la prescripción para los delitos fiscales es de cuatro años, pero Montoro aplacó las urgencias y el partido de Rivera dio por buenas sus explicaciones de la no prescripción sin mayores reparos. En paralelo, los centristas fueron generosos con los populares, y así como en la pasada legislatura votaron a favor de la derogación de la ‘ley mordaza, en esta se abstuvieron. Tampoco apoyaronla reforma de la ley de secretos oficiales.
Villegas reconoce que no está siendo fácil mantener el acuerdo, aunque también admite que su partido debe ser realista porque la suma de PP y Ciudadanos «no tiene mayoría suficiente». Pero ese dato, afirman los liberales, no debería excluirles de los acuerdos porque «los tres partidos deberían trabajar juntos», y las mayorías entonces sí serían incontestables.
El Gobierno no quiere prescindir de la colaboración con la formación naranja, y aunque tiene un acuerdo con el PSOE sobre la consolidación fiscal y el techo de gasto mantiene abierta la negociación con Ciudadanos. Este mismo fin de semana siguen los contactos para que en la votación del 15 de diciembre en el Congreso el respaldo al tope presupuestario no admita interpretaciones.
Pero de no llegarse a un acuerdo para que el programa de los 150 puntos pactado en agosto se refleje en los Presupuestos, hay sectores en C’s que reclaman la revisión de las relaciones con el PP. El abrazo del oso, argumentan, siempre ha sido un desastre para el abrazado porque le resta protagonismo político, pero si encima es ninguneado el desastre es doble.