Diario de León

El Gobierno califica de «ruido» y «fuegos de artificio» la estrategia

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Recién aterrizado en España tras su gira por Brasil y Uruguay, Mariano Rajoy se topó ayer con la amenaza de una moción de censura para sacarle de La Moncloa. Pero apenas sobrepuesto el PP del impacto de ver a Ignacio González en la prisión de Soto del Real y al jefe del Ejecutivo citado como testigo en el juicio por el caso Correa, la declaración de intenciones de Pablo Iglesias no encendió nuevas alarmas en los despachos gubernamentales. En el Gobierno interpretaron de inmediato que el objetivo político de Podemos no era derribar a Rajoy, sino poner en apuros al PSOE, y calificaron de «ruido» y «fuegos de arficio» la estrategia.

En el historial del presidente en las redes sociales, sólo aparecieron mensajes económicos con datos favorables que alimentan el único relato que interesa a Rajoy. Nada sobre el último movimiento de Iglesias, rechazado por los grupos, entre molestos y escépticos, en la Cámara baja. Ratificado que ni PSOE ni Ciudadanos estaban dispuestos a explorar la propuesta de Podemos, en La Moncloa se sintieron de pronto «reforzados».

Sin necesidad de debate y a una semana del primer examen parlamentario de los Presupuestos, fuentes del Gobierno apuntaron que el portazo de la mayor parte de las formaciones a intentar construir una mayoría alternativa a la del PP, puede entenderse como «una moción de confianza inesperada» que Rajoy ha superado en plena vorágine de escándalos de corrupción. «La investidura ha quedado ratificada a pocos días de una votación muy trascendente», enfatizó un cargo popular.

El portavoz del PP en el Congreso retó incluso a Podemos a registrar su iniciativa, un paso que tan sólo exige de la firma de 35 diputados. «Ya está tardando», replicó Rafael Hernando, que reclamó a la tercera fuerza política «seriedad».

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