Campaña en el barrizal
Los candidatos han caído en choques impropios entre compañeros.
Preparativos en la sede del PSOE en Ferraz el día antes de las votaciones. JAVIER LIZÓN
R. Gorriarán | Madrid
«Prefiero mirar con el rabillo del ojo a la izquierda que estar con el culo en pompa hacia la derecha». La finura es de Oscar Puente, alcalde de Valladolid, y uno de los más activos promotores de la candidatura de Pedro Sánchez para denostar a Susana Díaz durante un debate. Es una muestra de la aspereza y, por momentos, suciedad que ha tenido la campaña de las primarias del PSOE, y que pone de manifiesto que el enconamiento de las posturas y la profundidad de las heridas van a tener difícil arreglo.
El exlendakari, un veterano bregado en mil y una batallas, ha dicho en su papel de bombero pacificador que «nunca había visto este nivel de insultos, descalificaciones y agresividad» en una campaña entre compañeros de partido. Desde luego, en las primarias de 2014, las que ganó Sánchez a Eduardo Madina, o las de en las 1998, cuando Josep Borrell se impuso a Joaquín Almunia, no hubo la tensión y los malos modos que se han visto en esta.
Entre socialistas se han dicho de todo. Un alcalde seguidor de Sánchez llamó a Díaz «la faraona que se ha olvidado de la militancia» y que «se pone de rodillas ante Rajoy». También acusó a la gestora de poner en marcha «prácticas mafiosas» para favorecer a la presidenta andaluza.
«Traidores» y «feos»
La exportavoz del grupo socialista Soraya Rodríguez y miembro de la candidatura de Díaz fue tachada de «traidora» en una reunión con militantes que tuvo que abandonar entre abucheos. López denunció que sus seguidores son «ratas, fascistas y traidores» para algunos afines a Sánchez. El acento andaluz de la presidenta de la Junta ha sido motivo de mofas entre algún dirigente socialista catalán. Hasta la miembro de la gestora Laura Seara descalificó por ser «feos con ganas» a dos alcaldes ‘sanchistas’, entre ellos, el citado Óscar Puente.
La tensión se ha contagiado también a los parlamentarios socialistas, y el mal ambiente ha llegado al punto de que el portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, decidió no convocar reuniones en dos meses por la hostilidad entre los diputados de las tres candidaturas. La última, la del 4 de abril, casi acaba como el rosario de la aurora porque los ‘sanchistas’ reclamaron una explicación, que no obtuvieron, al número dos del grupo y hombre de Díaz, Miguel Ángel Heredia, porque en una reunión con militantes aseguró que Sánchez tuvo cerrado un pacto con Podemos y los independentistas catalanes para lograr la investidura y citaba como fuente informante al secretario general de CC OO, que lo desmintió indignado. En esa misma conversación, Heredia llamaba «hija puta» a la diputada Margarita Robles, alineada con la candidatura del exsecretario general.
Una pérdida de papeles a la que no fueron ajenos los tres candidatos, que en público no han soltado ningún exabrupto hacia sus adversarios, aunque en el debate que mantuvieron el pasado lunes se arrojaron epítetos duros. Eso sí, sin perder las formas. Sánchez pintó a Díaz como una líder autoritaria y derechista y ésta trató al exsecretario general de veleta y mentiroso, mientras López reprochó a Sánchez su vacuidad y también criticó el discurso simplista de la presidenta andaluza.