Sánchez disfrutará del congreso más tranquilo del PSOE reciente
El secretario general llega a la cita con la dirección del partido casi cerrada y la ponencia negociada.
Adriana Lastra visitó ayer las instalaciones donde tendrá lugar el congreso. EMILIO NARANJO
paula de las heras | madrid
Si hace solo un mes alguien hubiera dicho a un socialista que el 39 Congreso Federal iba a ser el más pacífico de la historia reciente del partido, la carcajada se habría oído a kilómetros de distancia. Y, sin embargo, así será. Se acabaron las largas madrugadas negociando la composición de la dirección. Ya le habría gustado a Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba -que en 2012 pasó nueve horas en vela negociando la suya- o al propio Pedro Sánchez, en 2014, haberlo tenido tan fácil. Su contudente victoria en unas primarias en las que competía contra todo el aparato del partido le ha allanado el camino. Ya no debe nada a nadie y eso le ha permitido tener manos libres. Los puestos clave están designados.
El que será su secretario de Organización, José Luis Ábalos, lo explicó con claridad ayer. El secretario general tratará de cohesionar al partido con su acción diaria, pero su criterio a la hora de confeccionar la ejecutiva no ha sido la integración de quienes trataron de evitar su victoria sino la «eficacia». También la fidelidad. Hace tres años, no le quedó más remedio que pagar sus deudas a todos aquellos que, con Susana Díaz al frente y con el objetivo de evitar la victoria de Eduardo Madina, le habían servido en bandeja el liderazgo del partido. Hasta siete barones se colocaron. En esta ocasión, no habrá ni uno solo. Se ha rodeado de gente de la que se fía.
Ha podido hacerlo, en parte, porque se ha inaugurado un nuevo sistema de elección. En puridad, nunca antes los militantes habían designado al líder del partido por voto directo y vinculante. Lo del anterior congreso extraordinario fue sólo un simulacro. Una improvisación provocada por la ola imparable que generó el 15-M y una concesión de Rubalcaba. Los estatutos del PSOE nada decían de un sistema de primarias para elegir al líder y si alguien hubiera querido impugnarlo en los tribunales probablemente habría ganado. Por eso, hasta que no votaron los delegados, Sánchez no adquirió el título de secretario general. Ahora, en cambio, lo es de pleno derecho, y con un apoyo abrumador de las bases, desde el 21 de mayo.
Los críticos tardaron poco en asegurar que no pondrían la más mínima pega al equipo elegido por el restituido líder. En realidad es una suerte de ‘quid pro quo’. Un «no vamos a hacernos daño». En breve empiezan los congresos regionales y se trataba de garantizar paz por paz. Pero eso no significa, ni mucho menos, que las heridas de la durísima y visceral batalla interna que ha vivido el PSOE estén cerradas ni que unos se fíen de los otros. Eso, si es que llega, llevará mucho tiempo y mucho diálogo. De momento, no lo ha habido. «Hablé 30 segundos con Pedro tras las primarias; eso ha sido todo», resume gráficamente uno de los presidentes autonómicos que apoyaron a Susana Díaz.
Esa ha sido la tónica general salvo con el extremeño Guillermo Fernández Vara, que estará al frente del Consejo Territorial, el órgano consultivo del que forman parte todos los líderes territoriales y al que corresponde evaluar las políticas del partido que les afectan. Pero en el núcleo duro de la nueva dirección -que tiene a Adriana Lastra como vicesecretaria general, a Ábalos como responsable orgánico, a Alfonso Gómez de Celis como responsable de Política Institucional y a Patxi López, el único no afín integrado, de la Política Federal- aseguran que Sánchez hará gestos para demostrar que quiere pasar página.
Un buen medidor para ver si eso es así será la elección de los miembros del Comité Federal, el más importante órgano de decisión del partido, congresos al margen, al que los estatutos confieren una labor de control sobre la ejecutiva.
Otro indicador de buena voluntad será el contenido de la ponencia. Y ahí sí que se aprecian ya cambios. En los últimos días, los colaboradores de Sánchez han trabajado junto a representantes de la gestora como Mario Jiménez y Laura Seara para ahormar un texto que pueda concitar el máximo de apoyos. En la tarea, los ‘sanchistas’ han accedido a pulir algunas de las alusiones más hirientes para quienes han pilotado el partido desde el ya imborrable 1 de octubre de 2016 y para quienes estuvieron en el bando perdedor de las primarias.
Lo territorial, en cambio, no se altera. Pero, en realidad, los no ‘sanchistas’ admiten ya que con la salvaguarda de la soberanía nacional, que aparece en el texto, les vale. Es más, apuntan que el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado no les parece grave si no tiene implicaciones jurídicas y no implica privilegios. La tensión estará en otros asuntos como la maternidad subrogada, que enfrenta a feministas y al colectivo LGTB.