La tensión en el PP aumenta por la declaración de Rajoy en el caso Correa

Los populares reconocen que la imagen de su líder en la sala es un fuerte golpe para el partido.

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León

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ramón gorriarán | madrid

La declaración de Mariano Rajoy como testigo en el juicio del caso Correa de este miércoles es uno de los peores tragos que va a pasar el PP en los últimos años. Aunque de puertas para afuera los populares tratan de minimizar el impacto de la imagen, dentro del partido la tensión es máxima. Así lo reconocen en privado los dirigentes de la organización, no tanto por lo que pueda decir el presidente del Gobierno -«que va a aportar muy poco», según el coordinador del partido, Fernando Martínez Maillo- sino por la inevitable asociación de Rajoy con la corrupción y las nefastas consecuencias políticas que conlleva.

El presidente del Gobierno siempre ha dicho que su relación con el jefe de la trama, Francisco Correa, fue inexistente porque apenas le conocía y apenas le había visto «alguna vez» por la sede nacional del PP en la calle Génova de Madrid. Es más, desde la dirección popular inciden siempre en que fue Rajoy el que en 2004 ordenó que se dejara de contratar a las empresas de Correa. El dueño de la empresa dio otra versión en su declaración en el juicio y sostuvo que la ruptura no se debió a diferencias con Rajoy sino a que su grupo empresarial contrató a Antonio Cámara, exsecretario de José María Aznar, que tenía «una relación fatal» con el líder del PP.

La estrategia de los populares pasa por mantener que su líder lo ignoraba todo de los manejos de Correa. «Podrían haber llamado a Rajoy o al papa de Roma para que diga lo que sabía, porque sabe lo mismo», llegó a decir el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando. Pero es bastante probable que el presidente del Gobierno tuviera alguna relación con el jefe de la trama corrupta porque fue el director de la campaña de Aznar para las generales de 1996 y 2000, y en estas últimas el grupo de Correa se encargó de la logística de numerosos actos electorales. Además, Rajoy fue secretario general del partido entre septiembre de 2003 y octubre de 2004, antes había sido vicesecretario, y para el jefe de la trama, según dijo en el juicio, la sede de la calle Génova era su «casa porque pasaba más tiempo allí» que en su «despacho».

El PP, pero sobre todo el presidente del Gobierno, tratan de enmarcar en «la normalidad» su citación y subrayan su voluntad de colaborar con la justicia.

Los sondeos electorales detectan un retroceso de las expectativas electorales del partido, que aunque ganaría de nuevo las elecciones, lo haría con un apoyo menor que el logrado hace un año.

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En el PP hay una honda preocupación por la identificación en amplias capas de la población entre la corrupción y su partido, circunstancia que se constata en los estudios demoscópicos, y que la declaración del presidente en el juicio del caso Correa no va a hacer más que agudizar, y así lo reconocen en la sede de la calle Génova.