CINCO MÁS UNA

«Habría que dar pasos para reformar la Constitución»

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León

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—¿Qué recuerdos tiene de su época en el internado de La Virgen?

—Yo era un niño de pueblo, muy de pueblo, que llegué casi por casualidad traído como tantos miles de niños en ese proceso de selección en busca de vocaciones que nos permitió estudiar a muchos cuando no era posible hacerlo de otra manera. Me sentí muy bien tratado y recibí una educación permanente y muy personalizada. mucho viajar.

—¿Qué se leía entonces en la escuela?

—A mí me trajeron libros de Lorca, muchos libros de estilo y de lenguaje. Era una educación primorosa y muy cuidada.

—¿De su etapa profesional se queda con la parte activa en el periodismo o con el trabajo institucional?

—Me quedo con la parte activa del periodismo, aunque la otra ha sido buena. Me apasionó el reportaje, si bien también desempeñé labores de redactor jefe en el periódico Alerta. Como escribir no hay nada y como escribir con eco, recibiendo un feedback , menos aún.

—Fue pionero en escribir sobre la Guerra Civil. ¿Qué le motivó?

—Sí, en 1977, antes de la Constitución, publiqué mi libro Los que se echaron al monte , que va por doce ediciones. Me interesaba mucho hablar de los perdedores de la guerra y el maquis era la figura más accesible.

—¿Cómo contempla el estado (o desaguisado) de las autonomías con el bagaje de su experiencia profesional en el parlamento de Cantabria?

—Con mucha preocupación, aunque espero que se solucione. El libro sobre La Virgen del Camino lo escribí pensando en todo lo que está ocurriendo en Cataluña. Creo que lo mejor de Cataluña está presente en La Virgen del Camino y no hay otro sitio donde Cataluña se manifieste como en León. No hubiera sido posible si esa ‘España profunda’ no les hubiera dado oportunidad a los artistas. Como dijo el prior de los Agustinos, el espíritu de León es universal. Habrá que dar pasos (se tenía que haber hecho ya) en relación de la reforma de la Constitución para que todos nos sintamos a gusto. En este sentido, el santuario también es un referente. Es tan ecuménico, no se insulta a nadie, no se condena a nadie, y cualquier persona, creyente o no, se puede sentir cómodo allí.

—¿En el internado había algún plato especial?

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—La verdad es que no. Era comida de internado. No nos faltaba, pero tampoco sobraba nada. Lo único que no me gustaba era el pisto manchego. La gastronomía de León, que es alucinante, la he descubierto después. Por cierto, al igual que la lengua, la comida tiene mucho que ver con mi tierra lebaniega. Hay mucho de leonés y también compartimos el Camino.