Puigdemont replica que «no subestimen la fuerza de Cataluña»

El presidente de la Generalitat y los 700 alcaldes citados por la Fiscalía amenazan con movilizaciones.

La alcaldesa de Barcelona, Colau, saluda al presidente de la Generalitat, Puigdemont. QUIQUE GARCÍA

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León

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cristian reino | barcelona

Carles Puigdemont comenzó la semana avisando a los poderes del Estado de que ningún tribunal español tiene ya competencias para inhabilitarle, y la acaba advirtiendo a Rajoy de que, haga lo que haga, los catalanes no faltarán a su cita con las urnas. A dos semanas para el día D, el mensaje que el soberanismo lanzó al Gobierno fue el que viene enviando desde hace meses: «Votaremos».

El presidente de la Generalitat se dio ayer un baño de masas, el segundo en poco más de una semana, y arropado por el mundo municipal replicó al presidente del Gobierno y a las instituciones del Estado: «No subestimen la fuerza del pueblo de Cataluña (…); la fuerza de un pueblo que ha tomado la decisión de decidir y de plantarse ante un comportamiento antidemocrático». El jefe del Ejecutivo catalán parafraseó a Rajoy, que el viernes, en Barcelona, en uno de sus discursos más duros sobre la cuestión catalana, advirtió de las consecuencias de «subestimar la fuerza de la democracia española». Puigdemont siguió ayer con el fuego cruzado. El dirigente nacionalista avisó al presidente del Gobierno de que enviando a la Guardia Civil a imprentas y a medios de comunicación no conseguirá nada más que dar alas al soberanismo.

La apelación a no subestimar la fuerza del pueblo tenía dos direcciones. Una interna: apelar al orgullo identitario. Se trata de llamar a votar, de movilizar por una cuestión, vino a decir, de dignidad como pueblo. En lo que respecta a Rajoy, le estaba anticipando que tendrá que forzar al máximo. «Nos van a obligar a llegar a aquello a lo que no queremos llegar», dijo el líder del PP el viernes. El Gobierno central ya ha gastado el comodín de la intervención de las finanzas de la Generalitat. Y, en el rango más alto, le quedan dos más: el control de algunas competencias de la Generalitat, como la educación o la policía, lo que sería una suspensión de facto de la autonomía, y ya, como último extremo, la detención por desacato de dirigentes del proceso.

Sin embargo, desde el secesionismo llevan días advirtiendo a Rajoy de que ni por esas conseguirá detener el referéndum. Ni el Constitucional ni la suspensión de la autonomía pueden frenar el 1-O, expresó Puigdemont hace una semana. Rajoy tiene la ley, la Constitución y todas las herramientas del Estado de Derecho, pero ayer Puigdemont le recordó que él cuenta con algo más valioso y poderoso que todo eso: la gente. Los cientos de miles de personas que se manifestaron el lunes pasado en Barcelona, en la manifestación de la Diada para reivindicar la secesión, y también los miles de personas que abarrotaron la plaza Sant Jaume de Barcelona para arropar a los más de 700 alcaldes que han sido citados por la Fiscalía por dar su apoyo a la consulta del 1-O mediante la cesión de locales.

Una semana después de la Diada, el independentismo realizó este sábado una nueva demostración de fuerza. El secesionismo no cuenta con la mayoría social, según el resultado de las últimas elecciones generales y autonómicas, pero sí puede exhibir que tres de cada cuatro alcaldes de Cataluña están dispuestos a poner en riesgo su cargo con tal de apoyar al Gobierno catalán en la celebración del referéndum.

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Puigdemont y los más de 700 alcaldes (de las grandes ciudades, sólo los representantes de Gerona y Badalona) avisaron al Estado de que si sigue por la vía judicial se va a encontrar con la respuesta contundente de una parte de la sociedad catalana en forma de movilizaciones.