Puigdemont habla de «golpe y humillación» y pide un pleno para decidir el próximo paso
El presidente de la Generalitat reclama al Parlament una sesión para debatir.
Puigdemont, en un momento de su comparecencia de anoche. RUBEN MORENO GARCIA / GENERALITA
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, replicó ayer con dureza al anuncio de Mariano Rajoy de intervenir la autonomía catalana. Para el dirigente nacionalista, que compareció a las 21.00 horas para evitar una salida en caliente, la decisión del Gobierno central es una «humillación» histórica para el pueblo catalán y habló en términos muy contundentes como «golpe», «agresión», «ataque», «humillación» e intento de «liquidar» la democracia. En un discurso institucional desde el Palau de la Generalitat, el dirigente nacionalista afirmó que el Gobierno, con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos, «ha emprendido el peor ataque a las instituciones y al pueblo de Cataluña desde los decretos del dictador Francisco Franco». Culpó también al rey y, a su juicio, «imponer una forma de gobierno no elegida por los ciudadanos y sin una mayoría parlamentaria que la avale, es incompatible con el estado de derecho». «Nos hemos de conjurar para volver a defender nuestras instituciones como hemos hecho siempre, de manera pacífica y civilizada, pero cargados de dignidad y de razones», dijo.
En consecuencia, reclamó al Parlamento que fije la convocatoria de una sesión plenaria para «debatir y decidir» sobre el 155. «Y actuemos en consecuencia», remató, abriendo la puerta a la declaración de independencia, aunque sin mencionarla, a diferencia de la amenaza que el jueves incluyó en la respuesta que envió a Rajoy a su requerimiento.
El discurso de Puigdemont fue muy contundente, en línea con el anuncio del Gobierno, pero en cambio no despejó dos de las dudas que tiene encima de la mesa: la proclamación de la independencia y el adelanto electoral.
El presidente de la Generalitat, que definió a Rajoy como un «caudillo», está en una encrucijada histórica y en los próximos días tiene que decidir si apuesta por salvar in extremis el autogobierno catalán, pisando el freno y convocando elecciones, o todo lo contrario, si se encastilla en el Palau de la Generalitat y decide resistir hasta su detención por parte de la Policía. Ayer habló en términos de «defender» las instituciones, aunque sí dio a entender que está dispuesto a acatar la aplicación del 155, a pesar de que la ley del referéndum y la de transitoriedad jurídica ya no reconocen la autoridad de la Constitución.