Diario de León

Los soberanistas insisten en el pucherazo y harán su propio recuento

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No es fácil para el secesionismo aceptar unos comicios convocados por el presidente del Gobierno central y no por el de la Generalitat, tras la intervención de la autonomía. Por esa razón, desde el primer día, el independentismo ha puesto en duda la validez de las elecciones del 21-D, que considera «ilegítimas e ilegales», aunque los tres partidos que impulsaron la proclamación de la república decidieran presentarse para no dejarle el terreno libre a Ciudadanos.

Primero fue ERC, que anunció que incrementaría el número de apoderados para hacer su propio recuento de los resultados, pues teme un «pucherazo» por parte de la administración central para beneficiar a las fuerzas constitucionalistas y poner fin de esta forma al proceso soberanista. Mientras, la Asamblea Nacional Catalana, junto con los Comités de Defensa de la República y la CUP presentaron ayer la campaña Tú votas, tú cuentas.

La ANC, los CDR y la CUP no se fían de la administración central y alertan de una posible «manipulación» de los resultados, por lo que creen necesario impulsar un recuento paralelo, como el que harán Esquerra y Junts per Catalunya, cada uno por su cuenta.

Aplicación móvil

En la misma línea que los partidos, a través de una aplicación móvil, los apoderados de estas entidades sociales, que se sumarán a las mesas gracias a la CUP, podrán estar presentes en el recuento y podrán enviar datos para contrastarlos con los oficiales. Su intención es tener un apoderado en cada mesa y fiscalizar el escrutinio. «Hay que garantizar que el Estado español no pueda manipular las elecciones», afirmó Marina Morante, portavoz de los CDR, las organizaciones de acción directa, que surgieron para los encierros en los colegios durante el 1-O y que protagonizaron algunos de los actos de la última huelga general, como el bloqueo del AVE. «Estamos seguros de que el 1 de octubre tenía más garantías que el 21-D» afirmaron en la CUP.

Las fuerzas independentistas insisten en desacreditar el 21-D, lo que supone tirar piedras contra su propio tejado, pues son las favoritas a la victoria, pero de alguna manera también toman precauciones ante un mal resultado y abonan el relato de una España antidemocrática.

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