La candidatura de Sànchez a presidir la Generalitat divide a los independentistas
Esquerra rechaza que el expresidente de la ANC sea el propuesto para la investidura porque no es una salida viable.
El presidente de la Asamblea Nacional Catalana, Jordi Sànchez. JUAN CARLOS HIDALGO
r. gorriarán | madrid
Cuando los independentistas catalanes pensaban que habían removido el escollo más importante para empezar a gobernar, el de Carles Puigdemont, una nueva piedra en forma de candidatura de Jordi Sànchez se ha cruzado en su camino. Esquerra no acepta que el expresidente de la Asamblea Nacional Catalana sea el candidato a la investidura y ha puesto sobre la mesa el nombre de Oriol Junqueras porque, argumentan los republicanos, si de legitimidades se trata qué más legítimo que el vicepresidente del Govern destituido reemplace al presidente tras su renuncia.
En el fondo de la polémica subyace el desacuerdo con la estrategia de Puigdemont y JxCat de prolongar el pulso con el Gobierno de Mariano Rajoy con un candidato condenado a no ejercer el cargo por su situación judicial. Esquerra lo que quiere es gobernar cuanto antes con un presidente de la Generalitat sin causas penales y acabar con el 155 para recuperar las instituciones autonómicas. La candidatura de Sànchez va en sentido contrario porque dilata la solución al bloqueo. Es muy improbable que el juez Pablo Llarena autorice la salida de la cárcel del expresidente de la ANC para participar en la investidura, y si lo hiciera tampoco podría ejercer el cargo desde la prisión. Los republicanos ven en la nominación de Sànchez una maniobra de Puigdemont para hacerse desde Waterloo con los hilos de control del Gobierno de Barcelona.
Pero además de los reparos políticos, Esquerra tiene cuentas particulares pendientes con Sànchez. La Asamblea Nacional Catalana hasta su llegada y bajo el liderazgo de Carme Forcadell era una organización afín a los republicanos, así como Ómnium lo era con Convergència. Pero con Sánchez dio un giro hasta convertirse en una plataforma al servicio casi exclusivo de Puigdemont.
Su candidatura, advirtió el portavoz de Esquerra, Sergi Sabrià, «rompe la línea del Govern legítimo» porque una vez que el expresidente ha tomado la decisión de apartarse «a quien correspondería legítimamente» la sustitución es a Junqueras. Este desacuerdo, confesó el portavoz, es una evidencia más de que el pacto entre ambas fuerzas y la CUP «aún no está cerrado».
Los anticapitalistas fijarán hoy su posición sobre el candidato en la reunión de su Consejo Político. Lo cierto es que Sànchez no gusta en la CUP, donde es considerado un mero portavoz sin autonomía de Puigdemont. También se recuerda su declaración ante el juez Llarena en la que renegó del ‘procés’ de la pasada legislatura y se comprometió a renunciar a la vía unilateral hacia la independencia. Un veto de la CUP al candidato de Puigdemont, sumado al de Esquerra, además de ser un desaire en toda regla al expresident, colocaría a las fuerzas independentistas al borde del limbo.
Sería el segundo desencuentro grave en el bloque secesionista en sus negociaciones. El primero vino motivado por la decisión del presidente del Parlament de suspender en enero la sesión de investidura en la que Puigdemont pretendía alcanzar desde Bruselas la Presidencia de la Generalitat. El republicano Roger Torrent no quiere tener los problemas legales de su antecesora, pero aquel gesto agrió las conversaciones y abonó la desconfianza entre JxCat y Esquerra. Ambas formaciones, sin embargo, hicieron de la necesidad virtud y lograron acordar una fórmula imaginativa para facilitar la renuncia de Puigdemont, que era quizá el aspecto más complejo. También se han entendido en el reparto de áreas de Gobierno en un tira y afloja más propio de un zoco que de una mesa política, aunque subsistan las discrepancias con algunos nombres. De lo que no hay noticia es de la línea política y del programa del próximo Gobierno de la Generalitat.
Un entramado de delicado equilibrio que puede irse a pique si Esquerra persiste en su negativa, a la espera de lo que decida la CUP, a respaldar a Sànchez en la investidura. Pero parece que no va a ser así. Desde las filas republicanas admiten que el rechazo puede ser flor de un día para fortalecer su posición negociadora y que al final se encontrará una solución de consenso.