Pablo Casado exhibe músculo y llama «soberbia» a Sáenz de Santamaría
La exvicepresidenta insiste en que el congreso del PP debe ser la escenificación de la unidad y no de la confrontación.
ramón gorriarán | madrid
Pablo Casado presume de que tiene más apoyos que su rival dentro del PP y ayer hizo una exhibición con la presencia en un acto de su campaña de dos de los derrotados en las primarias, José Manuel García Margallo y Elio Cabanes, a los que se sumarán mañana Dolores de Cospedal y José Ramón García-Hernández. Entre respaldo y respaldo, no descuidó a Soraya Sáenz de Santamaría a la que tachó de «soberbia» por negarse a debatir con él con el argumento de que le barrería y de que la confrontación perjudicaría al partido. «La soberbia no hace ganar congresos pero sí puede hacer perder elecciones», manifestó.
Los equipos de la exvicepresidenta y del vicesecretario de Comunicación del PP han dado una vuelta de tuerca a sus campañas en vista de la igualdad que se presume entre ambos. Una impresión que corroboró una encuesta de NC Report publicada ayer en el diario La Razón y que señala que Sáenz de Santamaría tendría el voto del 42,8% de los 3.082 compromisarios que acudirán al congreso del próximo fin de semana por el 42,5% que darían su apoyo a Casado. Una diferencia irrelevante de tres décimas, que ninguna de las dos candidaturas asume.
El exportavoz del PP quiso demostrar que esos respaldos no son imaginarios y un acto en la localidad valenciana de Gandía apreció con Margallo y Cabanes. Este lunes será el protagonista en un desayuno informativo al que está previsto que acudan la secretaria general del partido, con la que se podrá hacer la elocuente foto de la unidad, y García Hernández. Casado presumió de haber logrado esos respaldos en «una hora», lo que demuestra que tampoco será difícil lograr la integración con Sáenz de Santamaría que demandan desde todos los sectores del partido «después» del congreso. La diferencia está en que la candidata pretende que esa unificación se produzca «antes» del cónclave para evitar el choque de compromisarios y el previsible desgarro en la organización.