Una comida de exministros tensa el cierre de la campaña en las filas del PP

Los populares llegan al congreso sin favoritos y con la única certeza de que el resultado será ajustado.

Pablo Casado. MARISCAL

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León

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r. gorriarán | madrid

Mariano Rajoy no pudo evitar que varios de los que fueron sus ministros se reunieran a comer con el candidato Pablo Casado para poner el broche final a su campaña para liderar el PP. La cita estaba anunciada, pero convulsionó las horas previas al congreso que se celebrará hoy y mañana en un hotel de Madrid. Soraya Sáenz de Santamaría puso el contrapunto y reunió a su equipo para almorzar en su despacho con pizzas y refrescos, nada de manteles ni camareros.

La reunión en el restaurante Jai Alai fue el epítome de la campaña. Casado, un candidato etiquetado como ‘aznarista’, se sentó a comer con siete ministros de Rajoy para desmontar la tesis de que estaba enfrentado al ‘marianismo’. Entretanto, Sáenz de Santamaría, la candidata ‘marianista’, no pudo exhibir un ramillete de apoyos tan significativos de lo que hasta hace mes y medio eran sus compañeros de Consejo de Ministros. Eso ha sido la campaña por la sucesión de Rajoy, apoyos guiados por afinidad personal más que por la sintonía política, discursos intercambiables, pocas ideas y críticas veladas.

Rajoy, de acuerdo a distintas fuentes, se mantuvo neutral hasta las primarias del 5 de julio, confiado en que pasarían a la segunda vuelta sus dos números dos en el Gobierno, la vicepresidenta, y en el partido, la secretaria general. La irrupción de Casado no entraba en sus cálculos. El expresidente pasó de la sorpresa al malestar, afirman dirigentes populares, al comprobar que el discurso del vicesecretario ponía en tela de juicio aspectos de su obra. Rajoy redobló sus llamamientos por personas interpuestas a la candidatura única encabezada por Sáenz de Santamaría, y hasta, según algunas fuentes, pidió a Dolores de Cospedal que se abstuviera de respaldar a Casado y se decantara por la candidatura de integración. La secretaria general del PP admitió que conversó con Rajoy, pero negó que le hiciera esa petición.

La exvicepresidenta adoptó como «mantra», según sus palabras, la lista unitaria y la ha defendido hasta el último minuto pese al desdén de su adversario. El temor a una división irreconciliable en el partido no es patrimonio exclusivo de Rajoy, aunque es uno de los más preocupados por esa posibilidad porque siempre sería achacable a su salida y a que no preparó una sucesión ordenada, como ha sido la costumbre en el PP desde 1987.

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Así llega el PP al congreso que se abre hoy y concluye el sábado. Sin un favorito, lleno de incertidumbre y con la previsión de unos resultados ajustados que pueden consumar la división en el partido.