Aznar niega la caja B del PP en una bronca comparecencia plagada de insultos

El expresidente se centra en desvirtuar la sentencia de Correa y asegura que no hay «ninguna prueba» de la financiación ilegal.

El expresidente José María Aznar, en la comisión del Congreso que investiga la supuesta financiación ilegal del PP. JUAN CARLOS HIDALGO

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León

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m. sáiz-pardo | madrid

Fueron cuatro horas y cuarto de lodazal. Un festín a base de insultos, salidas de tono e improperios. Y por parte de todos. Tanto José María Aznar como todos los parlamentarios que intervinieron en la comisión de investigación sobre la supuesta financiación irregular del PP se lanzaron al barro sin miramientos. Que el regreso del expresidente al Congreso catorce años después iba a ser un momento de alto voltaje nadie lo dudaba, pero al final fue mucho más allá. Más allá incluso de la tensa comisión por los atentados del 11-M. La sesión se convirtió en una suerte de catarsis para todos, en la que hubo más de ajuste de cuentas que de parlamentarismo. Hasta los diputados habitualmente más sosegados se contagiaron del ambiente tabernario.

Aznar estuvo arropado por la plana mayor de su partido (llegó a abrazarse con Pablo Casado antes de comenzar su comparecencia). Desde el principio dejó clara cuál iba a ser su estrategia: negar cualquier valor a la sentencia del pasado verano sobre la trama Correa, que consideró acreditada la financiación irregular del PP y que acabó con la moción de censura contra Rajoy.

El presidente de los populares entre 1990 y 2004, los años de mayor actividad de la trama que dirigía Francisco Correa, lo negó todo. Incluso conocer al propio Correa, que fue testigo en la boda de su hija Ana Aznar. «Ni lo conocía ni lo contraté ni me senté a su lado nunca», llegó a afirmar.

«No existe ninguna caja B del PP». «No existe ninguna organización del PP dedicada a actos delictivos. Otra cosa es que haya personas que no hayan sido respetuosas con la ley». «No hay una sola prueba en toda la sentencia» de esa financiación irregular, dijo con contundencia.

Según Aznar, ese fallo de la primera época de la trama Correa «no es vinculante desde el punto jurídico», aunque se considerara probada la existencia de la contabilidad en negro, porque, recordó, el proceso que determinará la existencia de esa supuesta caja B se dilucidará en la causa de los papeles de Bárcenas, que todavía no ha sido juzgada.

En cualquier caso, insistió en que la sentencia solo se refería a dos pueblos de Madrid (Pozuelo y Majadahonda) y el importe desviado a las arcas populares no superaría los «ciento y pico mil euros». Y, además, arguyó, el PP solo fue condenado a título lucrativo porque desconocía la procedencia del dinero sucio.

Ni caja B y, mucho menos, que él la conociera o la tolerara. «No tengo que pedir perdón por nada». «De nada me arrepiento». Y, de todos modos, defendió, él nunca estuvo al tanto de las cuentas de su partido porque «mis responsabilidades políticas me alejan completamente de la gestión económica». Señaló que todo era responsabilidad exclusiva del tesorero, un puesto que en sus catorce años de presidencia ocuparon Ángel Sanchis, Álvaro Lapuerta y Luis Bárcenas.

En lo que a él atañe personalmente, las anotaciones de Bárcenas con siglas o abreviaturas que podría vincularle a sobresueldos, Aznar negó la mayor. «En aquellos años en los que era presidente del PP yo recibía una retribución como presidente del Gobierno y otra como presidente del PP». «No tuve ningún ingreso más, ni he ordenado ningún pago que sea ilegal».

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Hasta aquí las explicaciones sobre el objeto de la comisión de investigación. Porque la gran parte de la comparecencia fue un duelo de descalificaciones, particularmente con Gabriel Rufián y Pablo Iglesias.