Torra y Aragonés solo garantizan la unidad del ‘Govern’ hasta la sentencia del 1-O
Los independentistas se conjuran para cerrar su crisis pero no solventan las diferencias entre JxCat y Esquerra .
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), y su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC), tras su comparecencia conjunta. TONI ALBIR
cristian reino | barcelona
Después de la tempestad del jueves, la calma llegó ayer al independentismo. De momento. Hasta que otra tormenta vuelva a enfrentar a las dos almas del secesionismo, que ayer consiguieron firmar un pacto de no agresió para sustentar —al menos intentarlo— la unidad en el Gobierno catalán «como mínimo» hasta la sentencia del juicio del 1-O, prevista, como pronto, para después de las elecciones municipales de mayo.
Ese será el punto de inflexión de la legislatura. Así lo acordaron Quim Torra y Pere Aragonès, presidente y vicepresidente de la Generalitat y los dos hombres fuertes del independentismo, uno de JxCat y el otro de Esquerra. Lo que pueda ocurrir tras las sentencias ya es toda una incógnita. Torra lleva semanas con el aviso de que unos fallos que impliquen penas de prisión no serán aceptados por el independentismo, que impulsará una respuesta en la Cámara catalana equipatrable al 1-O, con otra declaración de independencia, más movilizaciones o elecciones.
Este es el horizonte que otea el secesionismo a medio plazo. Torra y Aragonès se reunieron por espacio de tres horas en el Palau de la Generalitat y salieron con un acuerdo de mínimos, que aleja de entrada el fantasma del adelanto electoral inmediato, pero cierra en falso la crisis. Y es que, el motivo por el que chocaron JxCat y ERC el jueves en el Parlamento catalán -la negativa de JxCat a acatar la suspensión de los diputados procesados decretada por Llarena- se mantiene sin que las dos partes sean capaces de acercar posiciones. La Cámara catalana retomará el martes la sesión del debate de política general para votar las propuestas de resolución que quedaron pendientes después de las desavenencias entre JxCat y ERC, y se verá si ha habido acuerdo.
Torra y Aragonès aseguraron que el acuerdo al que llegaron el jueves, y que en esencia implica que los diputados de JxCat suspendidos (entre ellos Puigdemont) no acatan el auto de Llarena pues delegan su voto, a diferencia de los de Esquerra, que lo designan, sigue vigente. Está por ver si el presidente del Parlamento, Roger Torrent, aguanta la presión o ignora las advertencias que le han lanzado el Gobierno central y los letrados de la Cámara catalana y permite la delegación de voto a los neoconvergentes suspendidos. Hasta el martes aún puede pasar de todo. Pero desde enero, cuando impidió la celebración del pleno de investidura de Carles Puigdemont, JxCat se la tiene jurada a Torrent. Y le busca en cada votación de la Cámara.
El presidente y el número dos del Ejecutivo catalán, en cualquier caso, trataron ayer de trasladar una imagen de unidad e incluso negaron la crisis, aunque el enfrentamiento ha sido a cara de perro y en público. Es además el enésimo de la legislatura. Los dos líderes se conjuraron para «reforzar» el acuerdo de legislatura y concretar «la estrategia» para llegar a la independencia. «Este Govern gobierna desde el primer día, es fuerte, está unido y reafirmamos el compromiso de unidad», dijo Torra. «La estabilidad no está en cuestión», dijo Aragonés.