Diario de León

Los obispos entonan el ‘mea culpa’: tolerancia cero contra la pederastia

«Nuestro agradecimiento a los que han tenido la valentía de denunciar», dice Blázquez.

Ricardo Blázquez ayer, en la sesión de la Asamblea Plenaria de los obispos. FERNANDO VILLAR

Ricardo Blázquez ayer, en la sesión de la Asamblea Plenaria de los obispos. FERNANDO VILLAR

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ALFONSO TORICES | MADRID

La Iglesia española, empujada por el discurso sin concesiones del papa Francisco, anunció ayer el final de décadas de inacción y encubrimientos hacia los abusos a menores cometidos en su seno por religiosos y laicos y prometió, a partir de ahora, una política de tolerancia cero contra los pederastas.

Los obispos han pasado en poco más de un mes de echar balones fuera, de asegurar que los casos de pederastia eran un fenómeno aislado en la Iglesia española, un problema nada comparable a los escándalos que han zarandeado a la institución católica en varios países, a que su presidente inaugurase la Asamblea Plenaria de otoño con una buena parte de su discurso dedicada a «los abusos y el comprensible escándalo que han suscitado».

Ricardo Blázquez olvidó los recientes paños calientes para entonar en nombre de la Conferencia Episcopal un ‘mea culpa’ sin matices y garantizar el propósito de enmienda. «La Iglesia —aseguró— reconoce abiertamente los abusos de toda índole y tiene la firme decisión de erradicarlos», para advertir a los que aún no hayan interiorizado este punto de inflexión de que «no se deben encubrir los abusos ni darles una respuesta equivocada», por lo que «hay que combatir la falta de responsabilidad y transparencia con las que se han tratado muchos casos» hasta ahora.

«Desgraciadamente el mundo está indignado con los abusos de algunas personas de la Iglesia en lugar de ser reanimado por la santidad de sus miembros. ¡Por eso la Iglesia en su conjunto debe realizar un decidido, inmediato y radical cambio de perspectiva!», resumió el presidente.

No obstante, Blázquez evidenció que la Iglesia española, en este asunto, va a remolque del ritmo mucho más acelerado de cambio y regeneración que marca el Vaticano. Sus palabras no fueron una síntesis del debate de la Conferencia Episcopal sobre el tema, que seguro que tendrá que producirse en esta semana de asambleas, sino la literalidad de las conclusiones contra esta lacra que redactó en octubre pasado el Sínodo de la Iglesia sobre los Jóvenes tras un mes de debates en Roma.

Francisco espoleó a la jerarquía católica de todo el mundo cuando en septiembre anunció que entre el 21 y 24 de febrero reunirá en el Vaticano a los presidentes de las 113 conferencias episcopales para analizar la magnitud interna del problema de la pederastia, para que le hagan propuestas y para acordar soluciones.

EL GRAN OLVIDO: LAS VÍCTIMAS

El presidente de los obispos quiso subsanar otro histórico y sonoro olvido, el de las víctimas. «Nuestro agradecimiento a los que han tenido la valentía de denunciar el mal padecido; que ayudan a la Iglesia a tomar conciencia de cuanto ha ocurrido y de la necesidad de reaccionar con decisión». Unas víctimas, la mayoría jóvenes, a las que lamentó que religiosos hayan provocado «sufrimientos que pueden durar toda la vida y a los que ningún arrepentimiento puede poner remedio».

Admitió que muchos jóvenes se han alejado de la Iglesia porque solo han encontrado «mediocridad, presunción, división y corrupción», pero insistió en que la mayoría de los miembros de la institución les aportan cada día lo mejor de sí mismos, por lo que es muy injusto generalizar. «No es legítimo abrigar sospechas sin fundamento», reclamó, antes de añadir que «por la vida no podemos caminar con mirada altanera, pero tampoco con mirada vergonzante».

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