convención nacional de los populares
Casado sacude la conciencia del votante defraudado para que vuelva al «verdadero» PP
El líder de los populares se siente plenamente legitimado a nivel interno para intentar la reconquista del centro derecha.

Pablo Casado interviene en la clausura de la Convención Nacional de su partido. CHEMA MOYA
nuria vega | madrid
Pablo Casado conminó ayer a los populares a desplegarse. A mostrarse en toda su autenticidad -la fórmula del «sin complejos»- para recuperar al votante que, decepcionado, da ahora una oportunidad a Ciudadanos o Vox. Pero también se permitió una apelación directa y reiterada a los electores que nutrieron las mayorías absolutas de José María Aznar y Mariano Rajoy y que han decidido probar suerte con otros proyectos. No hay PP, les dijo, fuera del PP. Más aún: «Cada voto menos para el partido ha sido un paso más para los enemigos de la nación».
La bandera de España ondeó en el fondo del escenario. El himno nacional puso punto y final a la convención programática de los conservadores. Y Casado señaló el letrero de la «casa común» que, coincide con Aznar, es el PP. Se esforzó en apuntar el camino al votante, en advertirle de que otros partidos -Vox y Ciudadanos- se «disfrazan» y «versionan en un karaoke» los temas populares. Pero que si uno quiere que gobierne el PP, vota al PP. «El único, el verdadero». E insistió con una pregunta retórica: «¿Cambiar su voto ha traído más estabilidad?».
Este, en realidad, ha sido el eje de la convención, la llamada a aglutinar al electorado bajo estas siglas y no otras para volver a lograr la muy ambiciosa cifra de los 10 millones de votantes. Aunque en los días previos se hablara de la meta de la «refundación» del centro derecha, Casado no incluyó ayer esa idea en su discurso. Fuentes de su entorno reconocen que hoy por hoy no es posible mientras los otros dos partidos de la derecha no quieran y tengan sus propios proyectos.
Algunos veteranos de la formación conservadora ya habían advertido de que ese planteamiento estaba totalmente alejado de la realidad. Que los populares podrán aspirar a «absorber» a sus adversarios cuando la representación de estos sea irrelevante -si es que llega a serlo- en el Congreso. No mientras se encuentren en su momento de gracia o en ascenso. Y distinguen, por eso, la actual fragmentación de aquella de 1989, más atomizada en corrientes que acabaron integrándose bajo el paraguas del PP.
En todo caso, aquel «hito histórico» es lo que, según Casado, está ahora «en riesgo» con el surgimiento de opciones como Vox y Ciudadanos. En otras palabras, el legado de Manuel Fraga y de Aznar, que ayer decidió seguir la intervención en primera fila junto a Ana Botella. «Dijo que le hacía ilusión escuchar el discurso de clausura», explicaron desde la dirección las mismas fuentes que relativizaron la relevancia de la asistencia del expresidente y la ausencia de Mariano Rajoy, más aplaudido, aun así, que su antecesor.
A nadie le extrañó que Rajoy no asistiera a la clausura. Muchos sitúan a Casado más en la órbita de Aznar y señalan, como muestra, que el foco en el discurso público se ha desplazado de la gestión a la ideología. De los datos a las emociones. Del pragmatismo a las esencias. «Nunca he creído -defendió el líder de los populares- a quien dice que el PP sólo gana cuando deja de serlo. Nunca he aceptado que el precio de ejercer el poder tenga que ser la pérdida de nuestra identidad». Cosa que, añadió, por si acaso, nunca ha ocurrido.
Desde la cúpula se han esforzado en mostrar la mejor cara de su «unidad» interna en este cónclave, aunque ni Rajoy ni Aznar hayan coincidido el mismo día ni tampoco Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Si la exvicepresidenta del Gobierno asistió a la inauguración, la exsecretaria general del PP se sumó a la clausura. Un delicado equilibrio que Génova respetó para que nada ensombreciera su objetivo: impulsar a Casado como candidato a la Moncloa.
Hoy, el líder del PP, asegura su entorno, se siente plenamente legitimado a nivel interno para emprender la reconquista del centro derecha. Y lleva bajo el brazo una propuesta programática arriesgada que pasará el primer examen en los comicios autonómicos y municipales de mayo.
Partido «de banda ancha»
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Nuñez Feijóo, aseguró que el Partido Popular «no se debe achicar ni empequeñecer», es un partido «de banda ancha» que «está donde estaba», y ese ha sido, al menos, el objetivo del PP gallego.
Recordó que el PP está «en todos los ayuntamientos, en todas las provincias, en todas las ciudades y en todas las comunidades y ahora presidiendo la Junta de Andalucía».