Abascal asegura que defenderán la unidad nacional «hasta sus últimas consecuencias»
Siete detenidos en los enfrentamientos entre Mossos y secesionistas que protestaban contra el acto en Barcelona.
Asistentes al acto de Vox que el partido organizó ayer en Barcelona. ALEJANDRO GARCÍA
c. r. / m. b. | barcelona / madrid
Una vez más, un acto de Vox en Cataluña provocó duros enfrentamientos entre los Mossos d’Esquadra y los grupos secesionistas más radicales, con los CDR y Arran a la cabeza, que se concentraron ayer en Barcelona para protestar por la presencia de la extrema derecha.
Los altercados se saldaron con siete detenidos, tres de ellos por haber agredido presuntamente a una simpatizante de Vox que se dirigía al mitin de la formación de Santiago Abascal. En el enfrentamiento, los manifestantes independentistas, no más de un centenar, lanzaron piedras y botellas, huevos y pintura contra la Policía catalana y quemaron contenedores, vallas y material de obra.
Los antidisturbios tuvieron que actuar de manera contundente para evitar que los jóvenes radicales independentistas pudieran intentar boicotear el acto de Vox. Lo mismo ocurrió en el mes de diciembre en sendos actos de Vox en Gerona y Sabadell. Como entonces, los CDR reclamaron ayer la dimisión del consejero del Interior, Miquel Buch.
De alguna manera, las imágenes -con barricadas de fuego- que ofrecieron los enfrentamientos entre los Mossos y los CDR son las que le interesaban a la extrema derecha para poder presentarse en Barcelona como la única fuerza capaz de poner orden entre el caos provocado por los «golpistas separatistas», por los «terroristas de Arran», según Santiago Abascal. No solo orden contra el caos de este sábado, también contra la crisis institucional que ha causado en toda España el secesionismo.
Vox buscaba una exhibición de fuerza, pero se quedó muy lejos. Más bien pinchó. Según la Guardia Urbana, unas 5.000 personas acudieron al mitin que la formación de la ultraderecha celebró en Barcelona. Fue su puesta de largo en la capital catalana. Su presentación en sociedad, aunque los resultados no fueron los que esperaba el partido que ha irrumpido con fuerza en esta campaña de las generales. En un principio, Vox alquiló el Palau Sant Jordi para dar el pistoletazo de salida a la carrera electoral del 28-A, pero el Gobierno municipal de Ada Colau se negó a alquilar el recinto olímpico alegando motivos técnicos de mantenimiento.
Entre gritos de «Puigdemont y Torra a prisión», «Viva España», «Viva el rey» o «yo soy español, español», Abascal definió a Vox como la única fuerza dispuesta a defender la unidad de España «hasta sus últimas consecuencias», aunque no precisó qué quiere decir esta expresión, que también utiliza Quim Torra para asegurar que está dispuesto a todo en su propósito de ejercer el derecho de autodeterminación.