La fuerte implantación social de PP y PSOE acerca el bipartidismo frente a UP, Cs y Vox
En la provincia leonesa ha ganado siempre el partido que después consiguió formar Gobierno, salvo en el año 1993.

Quien gana en León, gana en España. La máxima se clava al analizar los vencedores de las elecciones generales y confrontarlos con los partidos que han acumulado mayor número de voto aquí. En las doce veces de la historia democrática moderna en las que los ciudadanos fueron llamados a las urnas para elegir a los representantes del Parlamento nacional, tan sólo se cruzaron las líneas en 1993, cuando el PSOE, ya en retroceso pero todavía como líder con 948.620 votos de ventaja, vio cómo la circunscripción provincial leonesa se rebelaba con una victoria del PP por apenas 12.333 papeletas de diferencia. Es la única distorsión del relato general, en el que se refleja que la fuerte implantación social de las dos formaciones mayoritarias, con estructuras que llegan a los 211 municipios, asienta un bipartidismo que sólo se ha visto alterado en las dos últimas ocasiones. En ambos casos coincidieron con bajones significativos de las siglas hegemónicas, que permitieron la incorporación de Podemos en las dos últimas legislaturas y de Ciudadanos en las penúltimas, antes de que la bajada de población redujera de 5 a 4 los escaños a elegir en la demarcación territorial.
La consolidación de Podemos y Ciudadanos, a los que se añade la irrupción de Vox, cuestionan el escenario, a pesar de su escasa organización en la provincia, gracias al rebufo de los líderes nacionales. Pero hasta ahora, los resultados demuestran que «hay un bipartidismo camuflado o mayoritario», como lo denomina el geógrafo y politólogo Lorenzo López Trigal, quien argumenta que, pese a las entradas de otras formaciones en 2015 y 2016, PP y PSOE «casi doblan a los segundos». «Ahora, hay un nuevo factor en discordia, Vox, que puede estar entre el tercero y el quinto en resultados. Si se confirma, podrían rematar el sistema del bipartidismo», augura el profesional, quien abunda en que la entrada de estas siglas hace que haya «una mayor volatilidad del voto y que la gente se lo esté pensando y siendo crítica hasta el final», aunque «efectos como el buzoneo a domicilio para que se vaya al colegio electoral con la papeleta, algo que no se da en otros países del entorno, hacen que los partidos con más poder tengan preferencia».
El comportamiento no se aparta de cualquier «provincia interior de nacionalismo español moderado», como define López Trigal a León. «La evolución es acorde a la reflejada a nivel nacional. No se sale de la normalidad», analiza politólogo, un histórico del PSOE, el partido que abandonó para pasarse a Cs y abanderar la candidatura al Congreso en 2008.
La sentencia la suscribe también Luis Aznar. El exsenador popular, que empezó su carrera en la UCD, pasó por el CDS y desembocó en el PP, insiste en que «la evolución del voto va pareja a la registrada a nivel nacional», dado que «existe un paralelismo». «León no es una excepción, ni mucho menos», recalca.
Aznar cita como muestra las cifras desde 1977, cuando la UCD «consiguió en la provincia el 50,9% de los votos, una mayoría sólo comparable al 52,1% del PP en 2011 y al 50,1% del PSOE en 2008». En todos esos casos, el signo marcado en León se repitió en el arco parlamentario nacional, al igual que en 1979, en 1982, en 1986, en 1989, en 1996, en 2000, en 2004 —a pesar de convertirse en una isla socialista en todo el noroeste peninsular—, en 2015 y en 2016. Sólo en 1993 hubo una diferencia con el ascenso del PP en León, que adelantaba lo que tres años después se consumaría en el resto de España de manera mayoritaria con la debacle de Felipe González y el ascenso a la presidencia del Gobierno de José María Aznar.
La alternancia se debe a que «tanto el PP como el PSOE tienen gente en todos los municipios de la provincia». «Es una maquinaria brutal», concede el exsenador, que durante años fue el encargado de gestionar las campañas del PP. Desde esta experiencia, el político leonés subraya que «si los dos logran movilizar a sus candidatos en las municipales, a sus familias y militantes, más si cabe este año que las elecciones están tan cerca unas de otras, tendrían que barrer porque se trata de miles de personas». «Es una base muy sólida», recalca.
La máxima se rompió en 2015. Lejos de los intentos de otras formaciones en comicios precedentes, como «IU cuando alcanzó poco más del 7%» o «el CDS, que tuvo un 12,8%, pero que en ningún caso les sirvieron para alcanzar representación», las elecciones de hace cuatro años supusieron la entrada de Podemos y Ciudadanos. La aparición de Podemos en el reparto de escaños de León la explica Aznar como resultado de la caída del PSOE, que tuvo entonces su resultado más bajo con un 25,37%, sólo empeorado por el 24,08% de 1977; mientras que la llegada de Cs surge como respuesta a la caída del PP, que pasó de contar con el 52,1% en 2011 a sólo recoger el 32% cuatro años más tarde. «Uno y otro pescan siempre en los caladeros del PP y del PSOE», apostilla el veterano político leonés.
Pese a estos dos último precedentes, Aznar apuesta a que «se va a repetir la historia». «Es probable que el PSOE dé la vuelta a la tortilla y se ponga por encima en votos totales, pero el PP conservará los dos diputados que tiene ahora. Es muy difícil que con el reparto que existe y la Ley D’ Hont alguien pueda meter el cazo», augura. Aunque hay encuestas que conceden un horizonte de entrada a Vox, el exsenador descarta que pueda darse, aunque sí admite que «puede tener unos resultados importantes en Madrid». «Pero no en provincias como la nuestra», sentencia.


