Iglesias releva a Echenique con Alberto Rodríguez, un hombre de su núcleo duro
El número tres de Podemos, último parapeto del líder, paga con su defenestración el fracaso electoral.

Alberto Fernández y Pablo Iglesias en una imagen de archivo en el Congreso. SERGIO BARRENECHEA
ramón gorriarán | madrid
Pablo Iglesias ha escogido a uno de sus pretorianos para reemplazar al sacrificado Pablo Echenique. Alberto Rodríguez se pondrá al frente de la estratégica área de organización de Unidas Podemos tras la reunión de este sábado del Consejo Ciudadano del partido. Lo hará en medio de una de las mayores crisis en los cinco años de historia de una organización sumida en la incertidumbre sobre su futuro tras los desastrosos resultados electorales y la floración de las tensiones internas.
Rodríguez, conocido por su aspecto físico, es el diputado más alto con sus 1,90 largos, barba silvestre e inconfundibles rastas, es menos reconocible por su papel político en Unidas Podemos. El diputado por Tenerife es un ‘pablista’ ortodoxo, defensor a capa y espada de la alianza con IU, se alineó con Iglesias en Vistalegre II frente a Iñigo Errejón, y siempre ha estado al lado del líder en los conflictos internos. Será el ‘alter ego’ del secretario general al frente del convulso negociado de organización, cuyos dos responsables anteriores, Sergio Pascual y Echenique fueron devorados por las intrigas internas. El primero, fulminado por ‘errejonista’, y el segundo, por la presión de los barones. Iglesias se asegura con Rodríguez una fidelidad a pruebas de bombas para una etapa borrascosa. El relevo, además, deja otra lectura, y es que la autocrítica de Iglesias tiene nombre y apellido, su tocayo Echenique. Aunque desde la dirección de Unidas Podemos se haya tratado de vender la defenestración como un ascenso —«pasa de ser defensa a mediocentro», dijo Rafael Mayoral— Echenique ha sido el fusible de la derrota del 26 de mayo y de los pobres números en las generales del 28 de abril. El exresponsable de Organización se hará cargo ahora de la Secretaría de Acción de Gobierno y pilotará la negociación de los pactos postelectorales con el PSOE.
Iglesias ya había apuntado por dónde iban a ir los tiros tras el revés de las municipales, autonómicas y europeas, y en una entrevista con Juan Carlos Monedero reconoció que no habían sido «capaces de construir una organización con la suficiente implantación territorial que nos hubiera dado más presencia y fuerza tanto en las generales como en las autonómicas y municipales». Unas reflexiones que en la boca del líder de un partido siempre hacen temblar al responsable de organización. Unidas Podemos perdió el 26 de mayo casi un millón de votos respecto a las generales de solo un mes antes, en las que ya habían visto evaporarse 1,3 millones de papeletas y 49 diputados en relación a 2016. Las sangrías en algunos territorios llegaban al 60% de los votos, y en las autonómicas consiguieron 70 escaños menos que en 2014. Todo números rojos. Pero no solo han sido los malos guarismos. Echenique no logró evitar que algunas comunidades, como Asturias o Aragón, IU se haya presentado con listas diferenciadas, tampoco pudo evitar la fractura con las confluencias en Galicia ni que Compromís fuera por libre. Tras una dura pugna con su otrora compañera de fatigas Teresa Rodríguez, no consiguió frenar las ansias autónomas de Adelante Andalucía, una deriva que amenaza con contagiarse a otras federaciones. Con este baldón en la hoja de servicios, el relevo de Echenique estaba cantado a pesar de su excelente relación con Iglesias, confiesan hoy fuentes del partido.