Sin juicio cinco años después de la confesión de la herencia de los Pujol

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León

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melchor sáiz-pardo | madrid

Nadie se lo esperaba y menos aun aquella calurosa tarde del 25 de julio de 2014. Un viernes de verano a última hora fue el escenario escogido por Jordi Pujol para hacer la confesión que acabaría con la ya entonces cuestionada reputación del hombre que durante 23 años (entre 1980 y 2003) presidió la Generalitat de Cataluña.

«Mi padre Florenci Pujol i Brugat dispuso como última voluntad específica que un dinero ubicado en el extranjero -diferente al comprometido en su testamento-, rendimiento de una actividad económica de la cual ya se ha escrito y comentado, y que no se encontraba regularizado en el momento de su muerte en septiembre de 1980, fuese destinado a mis siete hijos y mi esposa». Esas fueron las primeras palabras de la confesión de dos páginas enviada por el abogado de Pujol a varias redacciones hace ahora exactamente cinco años con la que, según los especialistas de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (Udef) que por entonces ya le seguían los pasos, el expresident quiso hacer de escudo para intentar exonerar a su mujer y a sus siete hijos, quienes estaban desde hacía meses en el punto de mira de los investigadores.

El ex mandatario pretendía hacer creer que en los 34 años que habían pasado entonces desde el cobro de la herencia hasta días antes de esa confesión en julio de 2014 no había tenido tiempo de regularizar ese dinero. Pujol también pretendía hacer creer que aquellos 140 millones de pesetas de 1980 se habían trasformado en una fortuna incalculable (en cualquier caso superior al centenar de millones de euros) solo por el buen hacer en el mundo de los negocios de sus vástagos.

La Udef no dio el menor crédito a las sentidas explicaciones del expresidente de Cataluña. Pujol dio ese paso, según los investigadores, porque «sentía el aliento» de los investigadores en el cogote y porque era consciente de que el juez que entonces indagaba al clan, Pablo Ruz, le iba a citar en breve para declarar. Para cuando el expresidente decidió entonar el ‘supuesto’ mea culpa, las pesquisas policiales ya cuantifican la fortuna evadida en 165 millones de francos suizos, unos 135,8 millones de euros de la época.

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Un lustro después de aquella maniobra autoinculpatoria, lo cierto es que la causa contra el clan Pujol está prácticamente estancada.