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Prisciliano Cordero del Castillo | Sociólogo
León

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La pandemia del coronavirus ha revelado la importancia y la necesidad de una familia fuerte y estable. Millones de familias españolas se han visto obligadas a enfrentar esta crisis sin una red de seguridad. Con seres queridos enfermos y niños repentinamente en casa después de cerrar las escuelas y colegios, se han visto obligados a tomar decisiones imposibles entre su familia, su salud y su obligación laboral. Después de todo, la ayuda pública para el cuidado infantil es casi inexistente, la atención a los dependientes, minusválidos o ancianos, es, en el mejor de los casos, bastante limitada, y muy pocos trabajadores tienen acceso a licencia familiar remunerada, lo que significa que el trabajo perdido es salario perdido.

Esta crisis debería desencadenar un amplio apoyo político a la familia con un único fondo público del que todos nos beneficiaríamos, pues ayudaría a cuidar a las familias y a todos sus miembros: niños, ancianos y personas con discapacidad.

El coronavirus también ha puesto de manifiesto las necesidades de la creciente población anciana en nuestro país y de los cuidadores a quienes están confiados. El cuidado de todos los miembros de la familia es y siempre ha sido una responsabilidad compartida por la familia y el estado. Sin embargo, nuestra política nunca lo ha apoyado suficientemente. Este momento, por desafiante que sea, debería sacudir nuestras conciencias para cambiar a mejor nuestras vidas y para devolver a la familia la importancia social que nunca debería haber perdido.

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