El virólogo Ortiz de Lejarazu discrepa del confinamiento «tan duro» ordenado en España

Ortiz de Lejarazu, en una foto de archivo en León. MARCIANO PÉREZ
El virólogo vallisoletano Raúl Ortiz de Lejarazu discrepa de la manera en que en España se pasó a un confinamiento «duro» sin la gradualidad que imperó en casi toda Europa, a excepción de Italia, que fue el primer país europeo sorprendido. En muchos países europeos se aplicaron, ante lo ocurrido en Italia, medidas graduales que incluyeron suspensión de eventos masivos (fútbol, reuniones de más de 300-600 personas, etc) o recomendaciones de cierres de guarderías, colegios o universidades, seguidas de la clausura de bares y restaurantes para acabar con la recomendación de quedarse en casa, con diversos matices.
Aquí en cambio, apunta Ortiz de Lejarazu se pasó «de casi la nada al infinito», cuando se constataron los primeros contagios entre figuras públicas y políticas y se percataron de la gravedad de la situación.
El virólogo parte de que «no se trata de la fecha del calendario en que se ha comenzado el confinamiento en España», ya que la pandemia evoluciona con distinta intensidad y cronología en los diferentes países europeos; sino de la necesidad de hacerlo en el momento en que el número de contagiados o de muertes alerte de ello. «Para conocer esa necesidad disponemos de marcadores», precisa el virólogo, en referencia a que en otros países las medidas se iniciaron con menos muertos que en España y en algunos como Alemania con muchos más test de detección de portadores al inicio.
En nuestro país los primeros fallecimientos fueron infravalorados dando la sensación de que eran «explicables y justificables» en el contexto epidémico y clínico de la Covid-19. Ni después de la declaración de la Emergencia Internacional, ni tras la de pandemia, se valoraron adecuadamente, entiende.
«Muchas personas como yo, a mis 70 años, hemos oído el mensaje, repetido por asesores, ruedas de prensa y medios, de que esas muertes estaban justificadas por suceder en gente mayor o con patologías previas», dando la impresión de que «era gente que había vivido de más o que ya había vivido suficiente», sin advertir de que la pirámide poblacional de España «es la de un país envejecido que tendría más casos graves. El virus entró en las residencias de mayores a través de cuidadores asintomáticos y todavía continúa».
Lamenta que España, atravesando la sexta semana de confinamiento, «no ve un horizonte anticipado, ni conoce un plan A, B o C», algo a lo que no encuentra ningún sentido.