Diario de León

OPINIÓN Antonio Pérez Henares

Los curas de la carlistada

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León

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Por si alguno tenía alguna duda de la catadura de la iglesia vasca, ahí esta la proclamación de sus obispos dejando claro que ellos por lo que están es por la cuarta carlistada. Que sean sus «ovejas», ya que ellos se autointitulan pastores, unos tigres asesinos que han sembrado la muerte a mansalva en un país pacífico, democrático, donde las ideas pueden defenderse en total libertad y que sean sus secuaces los que acosan, amenazan, insultan, agreden, incendian e impiden vivir en suma a los que no piensan como ellos, a estos curas trabucaires les da igual. Están todos en el monte dando vivas a no sé qué dios, desde luego que no hablen en nombre del pacífico Cristo porque su nombre es hoy en su boca una blasfemia. Están con el verdugo y el lapidador. Están contra la víctima. Y lo están de manera infame y cobarde y no por llevar mitra, ni ropajes talares, ni hablar o escribir con untuosa melifluidad que pretende camuflar su vileza van a librarse de que digamos lo que de ellos es necesario decir. Su toma de partido, porque lo suyo es un manifiesto político para clavar en las iglesias, en los batzokis y en las herriko tabernas, deja en el desamparo a quienes son hoy los perseguidos, los humillados y los ofendidos. Insulta hasta a los muertos y aún se atreven en el colmo del disparate a insinuar que tal vez lo que no estén atendidos sean los derechos de los verdugos, que son tratados con las más estrictas, a veces aplicadas hasta el histrionismo, normas del estado de derecho, olvidando absolutamente el de las víctimas que tras ser asesinados han de sufrir que les llamen asesinos, que tras ser torturados han de soportar ser ellos los llamados torturadores y tras ser secuestrados han de ser ellos los que hayan de aguantar ser tachados de carceleros. La Iglesia española si no quiere verse salpicada y llena de fango por su actitud deberá hacer algo más de lo que ha hecho. Que ha sido lavarse las manos como su denostado pero tantas veces imitado Pilatos. Porque quizá no sepan que si no hacen algo y muy pronto, lo que suceda en las filas católicas pueda ser de una gravedad inusitada. ¿Cómo pueden los católicos vascos no nacionalistas soportar tal estado de cosas? ¿Y cómo van a tolerar el conjunto de los católicos españoles que la Jerarquía eclesiástica las consienta? Les puede afectar hasta en el bolsillo. Al tiempo. Y tal vez sea eso lo único que haga reaccionar a quienes por no poner firmes a tres obispos permiten que millones de sus fieles sean insultados. En el País Vasco y en España entera.

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