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León

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La piña parlamentaria que ha conseguido el Gobierno en torno a la solución del incidente de la isla de Perejil ha demostrado la dificultad de plantear una oposición eficaz en políticas de Estado y abrió una extraña tregua en las relaciones entre los socialistas y La Moncloa. De la intranquilidad con la que se abordó el pasado fin de semana por este asunto, que concluyó con la incertidumbre de un acuerdo desconocido para el público y avalado por un «testigo» tan «excepcional» como poco dado a la mediación desinteresada, como es Estados Unidos, se pasó al viaje relámpago de la ministra de Asuntos Exteriores a Marruecos. Ana Palacio, aún con la cara de sorpresa desde el día de su nombramiento, decidió viajar a Rabat con el único expediente que asegura ha estudiado ya, el de las relaciones con Marruecos, decidida a evitar que se cumpla un año de pelea, el próximo mes de octubre, por la retirada del embajador marroquí en Madrid. La ministra no dijo nada en Rabat ni en Madrid, se difundió un comunicado críptico y sólo una carta del secretario de Estado de EE. UU., Colin Powell, vino a arrojar algo de luz en los primeros instantes, situación corregida por el Gobierno en buen sitio: el Congreso. Es, por tanto, un mes de julio extraño parlamentariamente hablando, con un debate sobre el estado de la nación y dos reuniones urgentes de las comisiones de Defensa y Exteriores. Ana Palacio se explicó con profundidad, dejó claro que España no se retiró de Perejil, repasó los apoyos internacionales obtenidos y la base del acuerdo, con una advertencia clara para septiembre: se hablará del molesto islote y de todo lo demás, pero nunca se hará de Ceuta ni de Melilla. La titular de la cartera de Exteriores pidió a Rabat una dirección política «clara» y «sin interferencias», y aprovechó para comprometer el apoyo de España a las reformas que emprenda el rey Mohamed VI. Ante esos argumentos, el portavoz socialista, Manuel Marín -también un especialista comunitario, como la ministra- hizo un ejercicio de la oposición responsable que quiere el líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero. Marín invitó al Gobierno a encabezar una «auténtica operación de Estado» a través de la apertura de una ronda de consultas con los partidos políticos, Comunidades, sindicatos, colectivos empresariales, ONG, gente de la cultura e intelectuales para que «todos puedan aportar su visión de futuro» sobre unas nuevas relaciones con Marruecos.

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