OPINIÓN Carlos Carnicero
Juntos, pero no revueltos
Afortunadamente para todos, para todos los demócratas, la unión de los dos grandes partidos políticos, para afrontar las cuestiones derivadas del terrorismo, es en estos momentos sólida y estable. Nada que ver con lo que ocurrió durante la última etapa de gobierno de Felipe González, cuando los errores políticos del Gobierno, en esta materia, no sólo no estaban excluidos de la contienda electoral, sino que era uno de los ejes fundamentales del Partido Popular para conseguir el desgaste del Gobierno. Ahora estamos pagando todos las consecuencias de la deslegitimación del Estado que se produjo en el País Vasco fruto de aquella política irresponsable. Ahora son tan distintas las cosas, que el solo comentario, en una conferencia, de que en los gobiernos de Felipe González el consenso del Gobierno sobre la estructuración del Estado con los partidos nacionalistas funcionó con gran normalidad, se consideran una crítica intolerable. La apreciación de que José María Aznar va a dejar el País Vasco, cuando se vaya de La Moncloa, en la peor situación de toda la transición no es sino la constatación de una realidad. Y la generosidad de la oposición radica en no hacer uso electoral y político de esos déficit del gobierno, pero no se le puede pedir a nadie que ni siquiera, en reflexiones sosegadas, vea algo que es tan evidente y que no sería legítimo ocultar ni olvidar. El Pacto Antiterrorista no lleva, desde luego, a la unificación política del Partido Popular y del Partido Socialista en Euskadi. El pluralismo político, imprescindible para la vida democrática exige que los matices estén presentes en la política vasca, y que el acuerdo en todos los temas fundamentales, esté complementado con una política propia de cada partido en el País Vasco. Eso no es solo un derecho, sino además la garantía de que todos los demócratas vascos que rechacen las imposiciones nacionalistas, van a tener un acomodo fácil y confortable en partidos que son distintos, que tienen posiciones claramente diferenciadas en casi todo, y que libremente han decidido ponerse de acuerdo para afrontar el reto del terrorismo sin sacar ventaja de los fallos del contrario. Lo importante de la situación actual es que los partidos están juntos, pero nadie les puede obligar a presentarse revueltos.