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León

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¡Hombre no! No es de recibo escuchar a dos de sus señorías del PP, los señores López Amor y Francisco González acusar de inquisidores a quienes han cuestionado su compatibilidad como diputados ciertas actividades privadas. Que el portavoz de la comisión un infraestructuras tenga intereses en una empresa de construcción no parece que se ajuste con los cánones de la estética política. Lo mismo se puede decir de quién intenta compatibilizar sentarse en la Mesa de la Comisión de Defensa con tener intereses en el sector de la seguridad privada. Durante sus años de oposición el PP puso el listón muy alto sobre lo que era políticamente correcto y lo que ellos calificaban de golfadas, por eso la opinión pública les creyó cuando prometieron que iban impulsar una regeneración democrática. Pero una cosa predicar y otra dar trigo, y apenas dos legislaturas después el PP se enfrenta a unos cuantos escándalos provocados por las actitudes de quienes defienden su santo y seña. La opinión pública no comprende que el PP rechace que ex presidentes de empresas públicas privatizadas comparezcan ante el Congreso para responder a las preguntas de la oposición y explicar como han desarrollado su gestión y tampoco que dos diputados puedan siquiera plantear hacer compatible una función privada relacionada con la labor que desempeñan en el Parlamento. Seguramente los señores López Amor y González Pérez consultaron con sus jefes parlamentarios y del partido y a ninguno les chocó su pretensión. Sólo cuando un periódico informó al respecto en primera página los jefes de estos dos diputados les han instado a renunciar para poner coto al escándalo, y lo han hecho, pero protestando y acusando de inquisidores a quienes les han señalado que su conducta política deja mucho que desear. Los dirigentes del PP aseguraban cuando estaban en al oposición que con ellos en el poder no habría ni abusos ni comportamientos irregulares. A la vista está.

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