Sánchez juega a la ruleta rusa para llegar al Gobierno en un clima de alta tensión social

El líder del PSOE se aferra al precedente de la pasada legislatura para vaticinar cuatro años de legislatura

El líder del PSOE Pedro Sánchez, durante su intervención, en la segunda jornada del Congreso Europeo Socialista. JORGE ZAPATA

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León

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Quienes vivieron en primera línea lo que era gobernar en minoría con aquello que José Luis Rodríguez Zapatero calificó como «geometría variable» reconocen su admiración —en algunos casos desde posiciones críticas— por el modo en el que Pedro Sánchez logró aprobar la pasada legislatura tres Presupuestos seguidos y casi 200 normas, después de una ajustadísima investidura —167 votos a favor y 165 en contra— que le obligó a entenderse en el Gobierno con los populistas de Podemos y lo dejó en manos de ERC y Bildu. Es esa experiencia previa la que lleva a los socialistas a minimizar la dificultad de la empresa en la que de nuevo les ha embarcado su líder. Un más difícil todavía en un circo con múltiples pistas, en medio de una enorme tensión social. Tras haber sido superado en 16 escaños por el PP en las elecciones, el jefe del Ejecutivo en funciones está a punto de ser investido, previsiblemente este jueves, gracias al apoyo de todas las formaciones que, no sin ruido, ya le daban soporte —Sumar, ERC, Bildu, PNV y BNG— más Junts y una Coalición Canaria. Pero, sobre todo, gracias a unos polémicos pactos que contradicen en buena medida el discurso con el que se presentó a los comicios. Lo esperable es que mañana el PSOE registre en el Congreso, con la firma de todos sus socios a excepción de los canarios, la ley de amnistía para los encausados del ‘procés’, exigida por los independentistas. Una medida a la que siempre se habían opuesto tanto Sánchez como su partido por inconstitucional y contra la que el 24 de julio, todavía un día después de las generales, se manifestó el primer secretario del PSC, Salvador Illa: «La amnistía no es factible dentro del Estado de derecho y esta condición me parece fundamental». Sus palabras, como las del propio presidente en funciones, se las llevó el viento de la noche a la mañana.

Los socialistas iniciarán la tramitación de la norma que dejará impunes los delitos cometidos en el intento de proclamar, al margen de cauces legales, la independencia de Cataluña conscientes de que cuenta con la oposición frontal de casi la mitad de la Cámara (PP, Vox y UPN con 171 diputados de 350); del Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta; de dirigentes históricos como el Felipe González y de buena parte del Poder Judicial; además, según las encuestas publicadas por distintos medios, del rechazo de la mayoría de la sociedad y de casi la mitad de sus votantes. Pero también esgrimiendo la legitimidad que les otorga el apoyo de 179 diputados y haciendo de la reacción de la extrema derecha un argumento justificativo. No será la primera vez que Sánchez se enmiende a sí mismo. En 2019 se presentó a las elecciones con un durísimo discurso contra los independentistas. Prometió que los condenados del ‘procés’ cumplirían sus penas; anunció una reforma del Código Penal para castigar los referendos ilegales e incluso aseguró que traería a Puigdemont para ser juzgado. Finalmente, el número tres del PSOE, Santos Cerdán, viajó a Bruselas, donde el ‘expresident’ permanece prófugo, para firmar el pacto que permitirá a su líder seguir en la Moncloa y al líder espiritual de Junts librarse de la justicia.

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