Diario de León

El presidente acabó protagonizando una intervención con nítidos tintes de mitin político

Pedro Sánchez se revuelve y dice que seguirá «tres años y los que vienen»

Lanza un mensaje político en el congreso de UGT: reafirma la fortaleza de su Gobierno

Pepe Álvarez y Pedro Sánchez ayer, en el 44 Congreso Confederal de UGTen Barcelona. QUIQUE GARCÍA

Pepe Álvarez y Pedro Sánchez ayer, en el 44 Congreso Confederal de UGTen Barcelona. QUIQUE GARCÍA

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José M. Camarero
Barcelona

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El presidente del Gobierno compareció ayer en el congreso confederal de UGT en Barcelona, del que está previsto que Pepe Álvarez salga reelegido secretario general, bajo el temporal político que viene marcado por tres episodios desde el jueves: la declaración ante el juez de Víctor de Aldama -en la que el empresario acusó a ministro y cargos socialistas del cobro de mordidas-, el señalamiento por la UCO de la Guardia Civil del fiscal general del Estado por la presunta filtración de información reservada referida al novio de Isabel Díaz Ayuso, investigado por fraude tributario, y el pulso que ha decidido librar el líder de los socialistas madrileños, Juan Lobato, tras levantar acta ante notario del intercambio de mensajes con la jefa de Gabinete de Óscar López en torno a esa misma filtración. Todo ello en puertas del inicio, este viernes, del propio congreso del PSOE en Sevilla.

En ese contexto, en un acto en la ciudad condal en la que muchos asistentes comparten la doble militancia sindical y partidaria, Pedro Sánchez acabó protagonizando una intervención con nítidos tintes de mitin político en la que dio la impresión de revolverse contra todo lo que cuestiona en estos momentos la entereza de su Ejecutivo y en la que quiso dejar un mensaje nuclear, el que no se cansa de repetir: que su proyecto gubernamental continúa «en pie» pese a los «ataques» de la oposición -a la que responsabiliza de sus males- y que le «quedan tres años y los que vienen» en La Moncloa.

Sánchez no sólo se esforzó en evitar cualquier gesto que sugiriera debilidad, sino que intentó, en el tono y en el contenido, insuflar confianza a su auditorio en que agotará la legislatura gracias a la fortaleza que, quiso transmitir, tiene su Gobierno. Fortaleza que glosó congratulándose, por ejemplo, de la recién aprobada reforma fiscal, una iniciativa que no ha acabado respondiendo al diseño del Gobierno y que éste sacó adelante, en otra negociación agónica con sus socios, el jueves pasado en el Congreso; el mismo día del explosivo testimonio de De Aldama ante el instructor del ‘caso Koldo’.

«Nos miran mal porque defendemos a la clase trabajadora, subimos el salario mínimo, trabajamos por la justicia social...», arguyó, achacando sus dificultades a las artimañas de «las fuerzas de la ultraderecha». Una presión que basó, una vez más, en que no se acepta ni su triunfo en la moción de censura contra Mariano Rajoy ni su resistencia en las generales del 23-J.

«Nos miran mal: defendemos a la clase trabajadora, subimos el SMI, trabajamos por la justicia social...»

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