Sánchez encaja los embates de la derecha y la izquierda

Aduce que España posee «uno de los mejores sistemas del mundo» en ferrocarriles

Pedro Sánchez ayer, en el Congreso de los Diputados.Mariscal

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Paula de las Heras
Madrid

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El pleno monográfico celebrado este miércoles en el Congreso sobre los accidentes de Adamuz y Gelida y la situación del sistema ferroviario fue una vez más un claro reflejo del momento que atraviesa la legislatura. Casi un mes después de la tragedia, Pedro Sánchez no pudo ofrecer ni un dato nuevo respecto a lo ya expuesto por el ministro de Transportes en sus comparecencias previas, tanto ante los medios como ante las Cortes, sobre las posibles causas de la tragedia en la que perdieron la vida 46 personas o sobre la inversión en la infraestructura, y su insistencia en que «a pesar de sus problemas, nuestro sistema es uno de los mejores del mundo» se topó con la cancelación de varios AVE entre Madrid y Barcelona por la decisión de algunos sindicatos minoritarios de continuar con la huelga que la víspera habían desconvocado las organizaciones mayoritarias, tras llegar a un acuerdo con el Ministerio.

Pero, en realidad, habría dado igual de lo que se hablara. Ante sí el jefe del Ejecutivo, impertérrito en su empeño de convocar comicios hasta 2027, tenía este miércoles una mayoría en contra deseosa de visibilizar su precariedad —la formada por el PP, Vox, Junts y Podemos — y una minoría obligada a hacer equilibrios entre los reproches por el pésimo funcionamiento, sobre todo, de Cercanías (Rodalies en Cataluña) pero igualmente determinada a centrar el grueso de sus ataques en una derecha que, elección tras elección, va ganando terreno. Según el expresidente Felipe González, entre otras cosas, porque «el país no funciona». En ese clima, poco pudieron hacer los intentos del presidente de argumentar que, desde que él llegó al Gobierno, las inversiones en infraestructura ferroviaria se han multiplicado por tres, su promesa de que está dispuesto a aumentarla ( el ministro Óscar Puente prometió a los sindicatos dedicar 1.800 millones de euros más en los próximos cinco años a mantenimiento) o su conclusión de que una de las grandes «lecciones» que seguramente deje el accidente de Adamuz será que los protocolos de seguridad «no son infalibles» y habrá que «revisarlos».

Más de la mitad de la Cámara, lo había condenado de antemano. La corrupción de Ábalos Entre las quejas del presidente porque se recurra, según él, a «bulos» y exageraciones para presentar el sistema ferroviario español como «decadente o inseguro» («no es perfecto, pero es seguro», replicó) tanto Alberto Núñez Feijóo como Santiago Abascal se apresuraron a utilizar la corrupción del exministro José Luis Ábalos como prueba humeante de la «negligencia» del Ejecutivo. «España está en fallo multiorgánico. ¿Dónde han metido nuestro dinero? Parece que Zapatero puede darnos algunas lecciones —dijo el líder del PP-. Su primer ministro de Transportes está en la cárcel. A más Jessicas, menos trenes». «Adamuz fue un crimen, no un accidente», cargó el de Vox. Lo habitual es que Sánchez dedique la mayor parte de su réplica a Feijóo. Y lo hizo, entre otras cosas, sacando todo el arsenal de desgracias gestionadas por el PP, desde los atentados del 11-M al Yak-42, el Prestige o la dana.

Pero este miércoles también puso especial empeño en erosionar la imagen de pureza de la que pretende revestirse la extrema derecha. «¿Lecciones de qué, señor Torquemada?», se encaró a Abascal. «Si no han llegado al Gobierno y ya están corrompidos», dijo en alusión al presunto desvío de cerca de un millón de donaciones captadas por la organización juvenil Revuelta para las víctimas de la dana o al «dineral», 26.700 euros al mes, que, según ‘El Confidencial’, cobra su asesor Kiko Méndez-Monasterio.

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