Diario de León

La operación 'Alerta' del 23-F en León: así lo contó El Diario de León

Reproducimos la serie publicada por Diario de León en 1996 con la versión basada en el testimonio de sus principales protagonistas, como el entonces gobernador civil, Ángel García del Bello, y numerosos leoneses y leonesas que vivieron de cerca los acontecimientos, algunos con temor por sus vidas.

Ana Gaitero
León

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El golpe de estado fallido del 23-F activó en León la operación Alerta. El gobernador civil de la provincia ordenó, la tarde del 23 de febrero de 1981, poco después de conocer la noticia de la toma del Congreso de los Diputados por el teniente coronel Tejero con un grupo de guardias civiles, ordenó la activación de este dispositivo en su intensidad baja.

León no era una plaza decisiva porque no tenía la Capitanía General, que estaba en Valladolid, pero las 18 horas del secuestro fueron intensas y llenas de incertidumbre, con el gobernador civil, Ángel García del Bello, como cabeza visible del mantenimiento del orden en la provincia.

Diario de León contó cómo se desarrollaron los acontecimientos en la provincia leonesa y, particularmente, en el entorno del Gobierno Civil, núcleo central para el control de la seguridad en las calles y carreteras, a los 15 años de la tejerada.

Una serie de seis capítulos, junto a una entrevista al entonces ministro de Administración Territorial con el gobierno saliente de Adolfo Suárez, reconstruyó hechos que ahora son corroborados por los papeles desclasificados por el Gobierno coincidiendo con el 45 aniversario.

"Ángel García del Vello recibe una instrucción clara: poner en marcha el dispositivo de «Alerta» en su grado más leve. La decisión a acababa de tomar Francisco Laina-predecesor suyo en el cargo- con la comisión de subsecretarios, asumiendo las funciones de gobierno provisional", recoge la entrevista con el exgobernador civil que le hizo la periodista Ana Gaitero, coordinadora de la serie, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en enero de 1981.

Esta decisión supuso movilizar a la Guardia Civil en puntos estratégicos de la provincia, como revela ahora en los papeles con el dispositivo de seis Land Rover en la N-VI, y de la Policía Nacional en las ciudades de León y Ponferrada. El gobernador fue tajante en desplegar la operación Alerta a pesar de las reticencias del mando de la Guardia Civil. 

"La noche se presumía larga y oscura. Para complicar las cosas, la Guardia Civil plantea al gobernador «la inconveniencia de poner en marcha la operación Alerta». Razones: supone una dispersión excesiva de las fuerzas y había posibilidades de disturbios provechando las aguas del río revuelto.

Pero el gobernador, con la rapidez que el pensamiento trabaja en los momentos de tensión, medita otra cuestión: «¿Para qué quieren tener la fuerza concentrada?», recoge el capítulo tercero, titulado 'Taconazos en el Gobierno Civil". 

Los guardias y los mandos eran conscientes de que se desconfiaba de la Benemérita con un tricornio al mando del golpe en el Congreso de los Diputados.

Las comunicaciones del Gobierno Civil con Madrid se realizaban a través de un aparato llamado secráfono (novedoso en la época y hoy ya desaparecido), utilizado para realizar el cifrado analógico de la voz, de manera que no pudiera ser entendida por terceros como procedía con el tipo de información que se intercambiaba. 

"Ángel Campano, capitán general de la VII región militar, nunca llamó al Gobierno Militar de León para dar instrucciones sobre el golpe. Era un militar a la antigua usanza, cuyo ascenso fue propiciado por la Guerra Civil al quedar del lado de los vencedores", señala el capítulo dedicado a la actitud de los militares más cercanos. 

El regimiento de Almansa, el Lanzacohetes de Astorga y el campamento de El Ferral eran los enclaves del Ejército de Tierra en León. El centro de Manjarín ya controlaba las comunicaciones.

La base aérea, al mando del coronel Eduardo Ugarte Bustamante, mante, tenía una dependencia directa de los mandos del Ejército del Aire en Madrid", añade la entrega del día 21 de febrero de 1996, capítulo 4, titulada 'El silencio de Campano'. 

Sindicalistas como Fermín Carnero (UGT) y Ángel Villa (Comisiones Obreras), políticos como Celso López Gavela, entonces alcalde de Ponferrada, Manuel Núñez Pérez, que era diputado de Alianza Popular por León y sufrió el golpe en el hemiciclo, Roberto Merino, un referente del Partido Comunista en León, y académicos como el profesor Miguel Cordero del Campillo, además de periodistas como José Luis Pérez Soto o Enrique Cimas, soldados de reemplazo, y personas que trabajaban en la administración pública ofrecieron su testimonio.

"Si triunfaba el golpe,  daba que te escondieras o no», afirmó Honorio Vázquez, un ugetista del sector ferroviario que se enteró del golpe de Estado cuando volvía de una asamblea de la RENFE en su Ford Fiesta verde, que participó en la evacuación de los ficheros de los militantes de UGT. «Se cargaron en los coches de Fermín Carnero y otro compañero, Ricardo».

"Yo era el número 2 de una lista de paseables", aseguró Roberto Merino. Carnero, que junto a Villa estaba negociando el convenio de hostelería cuando ocurrió la toma del Congreso, relató como preservaron los archivos del sindicato en una casa en Palanquinos. Julio César Rodrigo de Santiago, que era el presidente de la Diputación, negó que se hubiera presentado en el Gobierno Civil a pedir armas. La dudó quedó en el aire por lo que dicen otros testimonios.

Elena Aguado, como profesora de Historia Contemporánea de la ULE en 1996, señaló que la proximidad de los hechos y la imposibilidad de acceder a archivos personales impedía que hubiera aún estudios sistemáticos sobre el golpe del 23-F. 

Echó en falta el interés en investigar la trama civil en el juicio. "Solamente fueron procesados los mandos militares que intervinieron en el golpe y sólo un civil, Juan García Carrés, hombre

de confianza de J.A. Girón, al que sin embargo nadie inculpó, ni siquiera fue llamado a declarar. Es indudable que en los meses anteriores al diario El Alcázar y algún columnista de ABC alentaban y hasta disputaban en sus páginas, quien debía encabezar el gobierno salido del "golpe de timón". Toda esta trama civil nunca fue desentrañada ni nadie tuvo interés en destaparla", señala el capítulo 6, titulado 'Se acabó la pesadilla'.

Periodistas veteranos y veteranas de Diario de León que vivieron en León los acontecimientos, como el entonces director, Martínez Carrión, y los redactores jefes Fernando Aller, Antonio Núñez y Camino Gallego, así como Vicente Pueyo y Georgino Fernández, y el colaborador Ángel María Fidalgo, participaron en esta serie que fue ilustrada con dibujos del pintor berciano Luis Gómez Domingo. 

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