El presidente llama a los 20 Gobiernos citados en Barcelona a no limitarse a «mirar» el auge de la ola ultra
Sánchez se pone al frente de un intento de rearmar a una izquierda global ante Trump
Moncloa presume de un «traspaso de poderes» simbólico entre Lula y Sánchez como referente

Pedro Sánchez organiza la foto de familia de los asistentes a la IV Cumbre en Defensa de la Democracia.
Apenas fueron quince los jefes de Estado y de Gobierno que Pedro Sánchez logró reunir este sábado en Barcelona para participar en la IV Reunión En Defensa de la Democracia, un foro que él mismo y Luiz Inácio Lula da Silva idearon en 2024, en los márgenes de la Asamblea General de la ONU, con la intención de articular una respuesta «progresista» a los problemas del mundo actual ante la evidencia de que la ultraderecha estaba mostrándose mucho más eficaz a la hora de ofrecer un asidero a sociedades sacudidas por un entorno cambiante. El Ejecutivo, sin embargo, lo concibe como todo un éxito y demostración de un liderazgo que la víspera reconoció el presidente brasileño. La cifra de asistentes, entre los que se encontraban el colombiano Gustavo Petro, la mexicana Claudia Sheinbaum, el uruguayo Yamandú Orsi o el sudafricano Cyril Ramaphosa, es reducida porque también lo es el número de gobernantes de izquierdas. Aunque el hecho de que los tres europeos, prefirieran enviar a segundos espadas a la cita, da también una pista de hasta dónde llega el predicamento del jefe del Ejecutivo.
Es cierto, no obstante, que Sánchez ha logrado este fin de semana que distintas familias de la izquierda global, no siempre bien avenida, ofrecieran una imagen de unidad. No solo por la cumbre institucional, sino por el otro evento organizado en paralelo por la Internacional Socialista, la Alianza Progresista, surgida de una escisión de la anterior en 2013, y por el Partido de los Socialistas Europeo, el Global Progressive Movement. Ambos tuvieron lugar en los pabellones de la Fira, a una distancia de tan solo un panel divisorio. Esta era su prioridad absoluta. El jefe del Ejecutivo no estuvo el viernes en París, en la cita en la que Emmanuel Macron, Starmer, Giorgia Meloni y el canciller alemán, Friedrich Merz, abordaron la posibilidad de capitanear una misión para estabilizar el estrecho de Ormuz y eso le ha valido las críticas del PP, que le acusa de desmarcarse de los socios europeos y rodearse de «gente que está degradando la democracia en los países en que gobiernan». En Moncloa, sin embargo, alegan que es justo lo contrario. En su intervención en la cumbre de mandatarios Sánchez argumentó que el riesgo al que se enfrentan las naciones es que la democracia «se vacíe por dentro mientras se la ataca desde fuera» y advirtió de que la respuesta no puede ser solo defensiva. «Hoy estamos aquí, por supuesto, para mirar, pero sobre todo estamos aquí para responder». Ni él ni nadie citó de manera expresa a Trump. Lula resumió bien el mensaje: «No podemos ir a dormir cada día pendientes de un tuit de un presidente».