Diario de León

Mónica García: Una ministra de Sanidad en pronóstico reservado

La huelga de médicos cuestiona su futuro y hay dudas sobre su liderazgo en Más Madrid

La ministra de Sanidad, Mónica García, durante un pleno del Senado.

La ministra de Sanidad, Mónica García, durante un pleno del Senado.víctor lerena

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Agencias
Madrid

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Igual que un ministro de Transportes no puede permitirse una huelga de trenes y un ministro de Justicia se ve en el alambre por una huelga de magistrados, una ministra de Sanidad no sale indemne de una huelga de médicos. Mónica García (Madrid, 1974) ha sobrevivido a cuatro en los últimos cuatro meses a cuenta de la negociación del Estatuto Marco, pero cada nueva convocatoria de paro deja más tocada a la líder de Más Madrid, que, por si fuera poco, se enfrenta al mismo tiempo a otro desafío de altura, un conato de rebelión interna en su partido. García, en sus horas más bajas, anunció el sábado 25 que se va a presentar a las primarias de la formación integrada en Sumar para tratar de vencer a Isabel Díaz Ayuso en las elecciones autonómicas de 2027 y de paso, seguir controlando una organización de la que ha sido cara visible desde hace seis años, tras la salida de Íñigo Errejón de la política madrileña. Pero su liderazgo, y hasta su puesto en el Gobierno, están cada vez más en entredicho. Anestesista de oficio, su nombramiento como ministra de Sanidad en 2023 fue muy bien recibido por los profesionales, que, tras los dramáticos años de la pandemia, creían que una de los suyos iba a entender el complicado horizonte que afrontaban los servicios públicos post-covid. Y en los primeros tiempos, así pareció ser, con un nuevo equipo ministerial volcado en escuchar las necesidades del sector. Pero la prueba de fuego llegó en marzo de 2024, cuando el Ministerio se lanzó a reformar el Estatuto Marco del personal de los servicios de salud, que llevaba 20 años sin actualizarse. Con el nuevo texto, se trataba de dar respuesta a algunas de las demandas de los trabajadores, como las largas jornadas laborales o las guardias de 24 horas. La negociación, sin embargo, se ha estancado durante casi dos años en un punto esencial que García no es capaz de resolver. Los médicos exigen un estatuto propio al considerar que sus responsabilidades, su formación y sus riesgos no son comparables a los del resto del personal sanitario, pero el Ministerio no da su brazo a torcer porque cree que un marco privilegiado para los doctores rompería la unidad de los equipos sanitarios y crearía nuevas reivindicaciones en otros colectivos. Ante este bloqueo, los médicos han cerrado las consultas, y aquí ha entrado en juego un factor que puede desequilibrar la balanza en contra de la ministra. Las comunidades autónomas, que tienen las transferencias en sanidad, son las que están sufriendo de primera mano la suspensión de consultas y de cirugías. Las comunidades del PP han pospuesto 1.928.774 consultas y 61.050 intervenciones quirúrgicas desde la primera huelga de médicos, en junio de 2025 y sus consejeros ya exigen la dimisión de García. Pero no solo ellos: en el País Vasco se han cancelado 300.000 consultas y 8.000 cirugías en los tres últimos meses y el PNV, hasta ahora «socio prioritario» del Gobierno, ha alzado la voz y ha exigido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que se involucre personalmente para acabar con la huelga de médicos. «No involucre a las comunidades autónomas. Es un conflicto estatal que exige liderazgo", le espetó a Sánchez la portavoz peneuvista en el Congreso, Maribel Vaquero, en la sesión de control de este miércoles, ante la mirada de circunstancias de García. Pero si en su condición de ministra Mónica García vive un momento difícil, también lo hace en su perfil más político. La irrupción de Emilio Delgado como alternativa para el liderazgo en Más Madrid, una organización que la dirigente ha controlado sin oposición interna desde que su fundador, el ahora proscrito Íñigo Errejón, diera el salto a la arena nacional a finales de 2019, solo unos meses después de crear la plataforma, ha puesto contra las cuerdas a García y le ha hecho enfrentarse a por lo menos dos dilemas.

Ni las responsabilidades, formación ni los riesgos de los médicos son comparables a los del resto del personal sanitario

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