Feijóo al órdago de Junts de ir a Waterloo: «Devolveré la decencia con o sin ayuda»
Se ve obligado a cortocircuitar el envite de plantearle la moción de censura al fugado Puigdemont. Evita pronunciarse sobre si irá o no a ese viaje: «Vamos a hablar de cosas serias". El Gobierno: "Está desesperado"

Feijóo ayer, en la reunión anual del Cercle d'Economia, en Barcelona.
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, Feijóo, ha evitado pronunciarse sobre si irá a Waterloo (Bélgica) para reunirse con el líder de Junts, Carles Puigdemont, para negociar su apoyo a una moción de censura y se ha limitado a decir: «Vamos a hablar de cosas serias». Feijóo ha pedido a los partidos políticos hacer todo lo posible ante una situación que ve insostenible, aunque ha avisado que no pedirá «favores» ni los regalará para avanzar las elecciones generales. Es más, ha afirmado que no busca «atajos» porque «lo que conviene atajar es la situación del país».
En su intervención en la 41 Reunió Cercle d’Economia en el Palau de Congressos de Catalunya, en Barcelona, ha afirmado que hay 184 diputados en el Congreso que han expresado querer una elecciones ante los presuntos casos de corrupción en torno al PSOE, y ha sostenido: «Lo que se dice no tiene ningún valor si no se acompaña de hechos coherentes». «De este colapso solo se sale devolviendo la voz a la gente, es el único final digno para una legislatura exhausta. Lo que ocurre es que la teoría hay que llevarla a la práctica», ha manifestado el presidente del PP.
Feijóo ha señalado que «la disyuntiva en realidad es bastante simple: degeneración o limpieza institucional», y ha afirmado que la elección es mayoritaria entre los grupos en el Congreso de los Diputados y los 184 diputados que le permitirían llevar a cabo una moción de censura contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
«A lo que vengo es a defender la necesidad de un proyecto limpio, y a lo que vengo es a garantizar, en todo caso, que devolveré la decencia a mi país, con ayuda o sin ella», ha sostenido ante los empresarios catalanas.
Ha subrayado que «la corrupción ya no es la excepción, es la norma» y ha asegurado que existe una premeditación para desacreditar y desactivar los mecanismos de control que necesita una democracia solvente.
«A jueces independientes, a fiscales que cumplan su deber, a fuerzas y cuerpos de seguridad, a periodistas y medios de comunicación libres y, por supuesto, a la oposición firme al Gobierno. Todo esto está siendo atacado», ha dicho.
Tras asegurar que seguirá actuando «con aplomo y responsabilidad», de acuerdo con sus convicciones, el presidente de los ‘populares’ ha dicho que él no sabía lo que harán «otros» y que no pretendía «remover conciencias». «No busco atajos, porque lo que conviene atajar es la situación del país. Y no vengo a pedir favores, ni tampoco a regalarlos», ha afirmado Núñez Feijoo, poco después de que el secretario general de Junts, Jordi Turull, le haya retado a ir a Waterloo a ver a Puigdemont si quiere plantear una moción de censura. En este sentido, Alberto Núñez Feijóo ha reiterado que él viene a defender «la necesidad de un proyecto limpio», dado que asisten a una «profunda decadencia» y «la conversación pública gira alrededor de sumarios, de imputaciones y comisiones». «Aquí no hay una agenda económica, aquí hay una agenda de tribunales», se ha quejado. Según el jefe de la oposición, España necesita «una reacción democrática, política y cívica que devuelva a la vida pública la mínima decencia y exigencia que tiene que tener». Se trata, ha añadido después, de que España tenga un Gobierno con autonomía para gobernar y «una mayoría capaz de defender el interés general por encima de todo». El líder nacional del Partido Popular ha lamentado volver a la Reunió Cercle d’Economia y no hablar «solo de proyectos, de resultados y de cómo aprovecharlos» ante lo que ha considerado el día de «la marmota» por las cuestiones políticas que marcan la agenda.
El Gobierno: «Está desesperado»
No solo no expresa la menor preocupación. El Gobierno desdeña abiertamente la propuesta de moción de censura que Feijóo ha hecho al PNV y a Junts para formar un Ejecutivo del que quede excluido Vox, con el principal mandato de «limpiar las instituciones» y convocar elecciones tan pronto como sea posible. En Moncloa se muestran seguros de que no existe el más mínimo margen para que los nacionalistas vascos o la formación de Puigdemont atiendan la llamada del jefe de la oposición y aseguran que Sánchez no ha hecho ningún movimiento para disuadirles.
Tanto el jefe del Euskadi Buru Batzar, Aitor Esteban, como la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, llevan días advirtiendo de que la legislatura ya no se sostiene, de que la acumulación de casos de corrupción y la incapacidad de desarrollar una agenda legislativa propia la han llevado a vía muerta, y de que lo único que cabe ya es dar la voz a los ciudadanos en las urnas. Pero los socialistas ven en sus palabras poco más que mera retórica.
Tanto en el Gobierno como en Ferraz insisten en atribuir los avisos de los dos socios ideológicamente más alejados del bloque de la investidura a un movimiento habitual en los compases finales de cualquier legislatura, cuando las elecciones empiezan a vislumbrarse en el horizonte. Alegan que incluso en los ejecutivos de coalición es normal que el aliado de menor peso empiece a marcar perfil propio, pero que eso no se traducirá en nada. "Su postura es compatible con que nos apoyen el copago farmacéutico", defienden. "El jueves pasado estábamos aprobando cosas en el Congreso con total normalidad".
"Buena suerte"
Los socios están de alguna manera atrapados y a merced de la voluntad del presidente de adelantar o no los comicios. Su cercanía al PSOE puede resultar tóxica en un momento como el actual, en el que se acumulan las investigaciones de corrupción en el entorno del Ejecutivo -las últimas, las que afectan al expresidente Zapatero o la que ha llevado a la imputación de la gerente del partido, Ana María Fuentes, por el 'caso fontanera'-, pero no más tóxica que un apretón de manos con un PP, a su vez, vinculado a Vox. Y el Gobierno explota esa debilidad. "El señor Feijóo está buscando fuerzas políticas que quieran suicidarse -ironizó en X el ministro de Justicia, Félix Bolaños-. Buena suerte".
Su confianza en que ni los nacionalistas vascos ni los independentistas catalanes cruzarán la línea de la colaboración con "la derecha y la ultraderecha" nacionales para desalojarlos del poder tiene además otro pilar. A pesar del deshielo escenificado hace tres meses, cuando tras un encuentro privado en Madrid Esteban y una delegación del PNV asistieron a un desayuno informativo que Feijóo ofreció en el Hotel Ercilla de Bilbao, creen que los habituales "insultos" de los populares -en especial de su secretario general, Miguel Tellado- lo hacen imposible. "El más mínimo análisis te lleva a la conclusión de que esa moción no va a existir", dicen fuentes gubernamentales.
La portavoz del Consejo de Ministros, Elma Saiz, llegó a calificar este martes la actitud del presidente del PP con dos palabras: "cinismo y desesperación". "Cinismo porque en territorios como Cataluña o Euskadi la diversidad es el eje de todas las políticas, y estamos viendo cómo el PP vota en contra del uso de las lenguas oficiales en Europa. Se han alcanzado importantísimos acuerdos que hacen avanzar el autogobierno en esos territorios y el PP siempre se opone. Y desesperación porque a los gobiernos se llega con votos, y el PP no tiene un proyecto de país para hacer avanzar a España. Esa oposición marrullera está vacía", adujo. Saiz envió además un mensaje de complicidad a sus socios y defendió que ellos también son responsables de esos "avances".