Manifestaciones por la vivienda en todo el país: "Llaves arriba, esto es un atraco"
Sánchez apura el fin de semana para decidir si convoca elecciones al calor de la indignación

Otra vez, Pedro Sánchez tiene a su partido, y también a buena parte del país, en vilo. Como en abril de 2024, cuando se tomó cinco días para decidir si merecía la pena seguir al frente del Gobierno después de la apertura de diligencias contra su esposa, Begoña Gómez, el presidente se ha reservado el fin de semana para tomar una decisión que solo él puede tomar, pero cuyas implicaciones trascienden su propio futuro personal: en este caso, si disuelve las Cortes y convoca elecciones generales para aprovechar el malestar social desatado por el desahucio de la anciana madrileña Maricarmen Abascal y la caída en el Congreso de los dos reales decretos leyes que se apresuró a aprobar para darle respuesta.
De nuevo, España está pendiente de lo que pueda anunciar este lunes. En esta ocasión, sin embargo, no hay retiro en solitario. El jefe del Ejecutivo ha abierto una ronda de consultas que no se limita al núcleo duro del Gobierno; incluye a dirigentes del partido y a Sumar, cuyo resultado es decisivo para que la coalición tenga alguna opción de seguir en la Moncloa. Hace dos años y medio, un PSOE muerto de vértigo ante la posibilidad de quedarse descabezado de la noche a la mañana, se movilizó bajo el son de aquel «Pedro, quédate» para persuadirlo de que no tirara la toalla. Ahora, la mayor parte del partido, con excepciones y dudas en el propio núcleo duro, apuesta por la convocatoria. Pero lo que al presidente le interesa medir es cómo respira una sociedad que no está pendiente de su liderazgo, sino de que alguien dé solución a un problema que afecta ya a buena parte de la sociedad.La movilización de este sábado por la vivienda era, de hecho, según dejaron caer en la Moncloa la víspera, un elemento clave para la decisión final. La indignación no tiene dueño, y en muchas pancartas el Gobierno aparece más como responsable que como aliado, pero en el Ejecutivo creen que basta con que el espacio de la izquierda, enormemente desmovilizado, despierte, para que la victoria de la derecha no sea tan aplastante como indican los sondeos o incluso, a juicio de los más optimistas, para tener alguna posibilidad de preservar el poder. Se trataría, como tantas veces en la trayectoria de Sánchez, de hacer de la necesidad virtud. Quienes están a favor del adelanto, la mayoría, creen que difícilmente se presentará una oportunidad mejor para llevar el debate a un terreno propicio para la izquierda, lejos de la inmigración y de Ceuta, donde PP y Vox se sienten más cómodos. Sostienen, además, que la caída de los decretos ha ayudado a reordenar un calendario que era endiablado. Hasta ahora el plan pasaba por presentar los Presupuestos antes de fin de año y convocar a comienzos de 2027 tras su previsible fracaso, pero la crisis ceutí enturbió ese horizonte. De pronto, febrero o marzo parecía demasiado pronto para ir a las urnas en un estado de forma aceptable y, al mismo tiempo, la idea de llevar al límite, hasta julio de 2027, la legislatura ha sido siempre un escenario indeseado para los alcaldes que tienen sus comicios a finales de mayo. La decisión del partido de Carles Puigdemont ha tenido, además, un efecto que va más allá de la vivienda. Ha terminado de desvanecer la ensoñación, alimentada durante meses en algunos despachos del Gobierno, de que el regreso del expresident abriría una puerta a la reconciliación con los posconvergentes y a una restauración de la mayoría de investidura, desintegrada desde hace ya un año. El Tribunal Constitucional tiene previsto pronunciarse este martes sobre los recursos de amparo de Jordi Turull y Dolors Bassa contra la negativa del Supremo a aplicarles la amnistía; y se da por hecho que la sentencia será favorable al perdón penal que abrirá la puerta al regreso de Puigdemont. Pero en el PSOE interpretan que, con su ‘no’, ha querido dejar claro que no tiene nada que agradecerles.
Decenas de miles en Madrid, y miles en León
La manifestación contó con el apoyo de UGT y CCOO, cuyos dirigentes recordaron que la vivienda “es un derecho constitucional” y reclamaron que todas las formaciones políticas se sientes a negociar una verdadera Ley de Vivienda que acabe con los problemas que están afectando, especialmente, a la clase trabajadora.
“Esto ha pasado de ser un problema inmobiliario a ser un problema laboral y social de la clase trabajadora de este país. Han decaído los decretos que deberían paliar que se echase a la gente a la calle y que no se subiesen los alquileres. Falta altura de miras”, indicó el secretario general de UGT en León, Enrique Reguero, quien pidió “una Ley de Vivienda que proteja a la ciudadanía”.
“Necesitamos un aumento del parque público de vivienda en nuestra provincia, necesitamos que las viviendas vacías salgan, que se rehabiliten muchas de ellas, además de una política de salarios dentro de la negociación colectiva”, añadió
Desde CCOO su responsable provincial, Elena Blasco, indicó que la posición de PP, Junts y Vox “es una vergüenza”. “Se han vendido, claramente, a esos fondos buitre, a esa oligarquía que ni cotiza en España y solo coge beneficios. Queremos una vivienda digna para todos. Es un derecho constitucional. La vivienda no es un negocio”, afirmó.
Blasco dijo que apoyarán cualquier manifestación enfocada a exigir una solución al problema de la vivienda y recordó que estos decretos, “aún siendo de mínimos” suponían “empezar a plasmar y diseñar ese escenario que necesitamos la clase trabajadora, que somos los que más pagamos las consecuencias del aumento del alquiler, de los fondos buitres, de los pisos turísticos, del alquiler de las habitaciones, etc…”.
La marcha en León, que se desarrolló bajo la lluvia, contó con numerosas pancarta en las que se podía leer “contra el negocio de la vivienda”, “parque público de vivienda ya” o “la vivienda es un derecho humano”, entre otras. El recorrido acabó con la lectura de un manifiesto, en el que se recordó el caso de Maricarmen, la anciana de 87 años que sacaron de su vivienda en Madrid y que ha sido el germen de las protestas.
“Ha sido la gota que ha colmado el vaso y que ha convertido la lucha por la vivienda en un gran movimiento político que ha puesto en jaque al Gobierno de España”, comenzaba el texto.
“La vivienda funciona como una mercancía para obtener ganancia mientras la gente que las necesita se queda en la calle o malvive para poder ganarla”, continuó, poniendo de ejemplo León, donde “dos de cada tres jóvenes destinan más del 40% de su salario al alquiler”, con sueldos “estancados” ante un contexto de subida de precios que agrava la despoblación.
Los participantes denunciaron la “inacción, dejadez y boicot ideológico” de la Junta, que no desarrolla, dijeron, “las herramientas de la Ley de Vivienda estatal”.
Añadieron que los decretos del Gobierno eran “insuficientes” y animaron a “escalar en la lucha”. “No podemos quedarnos callados. Tenemos que salir a las calles, organizarnos contra los especuladores. Os invitamos a formar parte de la Asamblea de Vivienda de León. La lucha es el único camino. ¡Hacia la huelga general!”, finalizó el manifiesto.