Sánchez lanza la campaña del PSOE abrazado a Begoña Gómez: «Te quiero»
El presidente pone todos los focos en su esposa, a quien el juez Peinado envió al banquillo
Pedro Sánchez besa a su esposa Begoña Gómez ayer, en el acto de campaña del PSOE.
No se sabe aún nada de si José Luis Rodríguez Zapatero aparecerá en la campaña del PSOE para las generales del 29 de noviembre. Pero lo que ya está claro es que el presidente del Gobierno está decidido a utilizar como reclamo la persecución a la que sostiene que han sido sometidos durante esta legislatura él y su esposa, Begoña Gómez, para quien el juez Juan Carlos Peinado decretó el pasado 21 de septiembre la apertura de juicio oral con jurado popular, tras años de polémica instrucción. Con ella de la mano apareció este sábado en el mitin de lanzamiento de precampaña celebrado en Fuenlabrada tras un comité federal exprés en el que quedaron aprobadas las candidaturas del partido. «Nos han intentado quebrar de todas las maneras y han logrado justo lo contrario. Hoy estamos más unidos y somos más fuertes que nunca. Así que que lo escuchen alto y claro: te quiero», declaró desde el estrado, ante la plana mayor del partido y el grueso de sus ministros.
La incorporación de Begoña Gómez a una campaña que los sondeos presentan muy cuesta arriba para los partidos de la izquierda no es casual. Los socialistas insisten casi cada día en que están en condiciones de ser primera fuerza, una posibilidad que exige tanto un incremento del voto útil por parte del electorado progresista que se inclina por otras opciones políticas como que Vox aumente el mordisco que ya ha propinado al PP. Sostienen que, como en 2023, volverán a convertir las encuestas en papel mojado. Pero saben que la remontada exige una movilización extraordinaria y que hay imágenes más poderosas que cualquier argumentario si de lo que se trata es de remover emociones.
Sánchez plantea de nuevo esta cita con las urnas como una batalla a vida o muerte para evitar que la ultraderecha se haga con la rienda del país. Y si algo cree haber conseguido, desde aquella carta a la ciudadanía en la que amagaba con dimitir después de que Peinado abriera diligencias contra su mujer, es que buena parte de los votantes de izquierdas asuman que los conservadores, con ramificaciones en la judicatura, se han conjurado para derribarlo del poder con malas artes, en atención aquel «el que pueda hacer que haga» del expresidente José María Aznar, simplemente porque desprecian sus políticas «de avances sociales».
La carrera hacia el 29 de noviembre comenzó el pasado 5 de octubre con el anuncio del adelanto electoral que sucedió al voto negativo de PP, Vox y Junts a los reales decretos leyes en materia de vivienda con los que el Ejecutivo había reaccionado a la conmoción provocada en toda España por el desahucio de la anciana madrileña de 87 años Maricarmen Abascal, fallecida días después. Sánchez y su entorno se convencieron de que esa votación parlamentaria les abría una oportunidad de acudir a las urnas con una bandera que agitar en un asunto que preocupa a la ciudadanía de manera transversal, pero por el que se moviliza más la izquierda. Han bastado apenas dos semanas, sin embargo, para rebajar expectativas sobre el tirón de esa causa.
El nombre de Maricarmen todavía apareció este sábado en el discurso de Sánchez. La revelación la semana pasada de que Montse Mínguez —la que fuera hasta este mismo viernes, cuando presentó la dimisión, portavoz del PSOE— es pareja de un empresario que se dedica al negocio inmobiliario, posee más de 30 pisos y ha ejecutado varios desahucios, le ha abierto una vía de agua.
En los últimos días, la principal línea de ataque a los populares y a Vox no ha sido, de hecho, ya la vivienda sino las pensiones. «Si les gustan tanto las motosierras — clamó en su actuación el presidente en una clara alusión a la visita no oficial del mandatario argentino, Javier Milei, este próximo lunes a Madrid— , que se vayan al aserradero. ¡Las pensiones no se tocan!». La imagen de Begoña Gómez aporta, sin embargo, algo más que esas soflamas. Suscita entre la militancia socialista una especie de instinto de protección al líder, un reagrupamiento defensivo.
Sánchez y su esposa fundidos en un beso. Es la foto. De fondo, la música de Rusowsky, artista fuenlabreño de moda: «Ella es mi Tatiana. Ella es mi Daisy. Ella es mi mundo. Ella es mi baby. Cuando estamos juntos. To’ desaparece».