Esther, hermana de uno de los desaparecidos en el accidente de tren: «Hay picos de esperanza absoluta y picos que te vienes abajo»

Cientos de familiares buscan a sus seres queridos tras el siniestro y algunos de ellos reciben atención psicológica en el lugar de los hechos

Dos mujeres se abrazan este miércoles en el pabellón polideportivo del municipio que se ha habilitado como espacio principal para la llegada de los heridos más leves del accidente. EFE

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León

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La espera se hace interminable para los familiares de los desaparecidos en el accidente ferroviario de Urda (Toledo). Entre la incertidumbre y el deseo de recibir una llamada que cambie sus vidas, Esther y Manuel San Emeterio aguardan noticias de su hermano Pepe, de 54 años, uno de los pasajeros cuyo paradero se desconoce tras el siniestro que ha dejado 69 fallecidos por el momento.

Las familias de los pasajeros a los que todavía no se ha podido localizar viven horas de angustia que se han trasladado a redes sociales, que están funcionando como un altavoz para intentar averiguar qué ha ocurrido con sus seres queridos. David, Mari Carmen, Adriana, César, Juan José, Eleuterio... Son algunas de las personas que viajaban en uno de los vagones de los trenes que han protagonizado el choque. 

Sus familiares y amigos han comenzado a difundir mensajes con sus fotos y una breve descripción -la ropa que llevaban, edad, vagón y asiento exacto en el que viajaban- con el fin de localizarlos o, al menos, conseguir información sobre el estado en el que se encuentran. Piden, además, colaboración del resto de usuarios para poder llegar a un mayor número de gente, al margen de los trabajos que ya están haciendo los efectivos de la Policía Nacional y la Guardia Civil en este sentido. 

«Hay picos de esperanza absoluta y picos que te vienes abajo», resume Esther, que permanece en Toledo junto a su hermano Manuel y su cuñada a la espera de que la Guardia Civil les comunique cualquier novedad. «Lo que estamos deseando es que nos llamen y que nos digan que está en el hospital, que le están operando, que está inconsciente y por eso él no nos ha llamado. Es la única esperanza que nos queda», explica.

La familia supo del accidente al ver las noticias en televisión y confirmar con la esposa de Pepe que ese día viajaba en tren hacia Sevilla. La preocupación aumentó al comprobar que el reloj inteligente que lleva el desaparecido, configurado para avisar a otro de sus hermanos en caso de accidente o caída, situaba su última ubicación en Toledo, en las vías ferroviarias.

«Sé que está ahí», afirma Manuel, que vive en Sevilla y que intentó llamar varias veces a su hermano antes de desplazarse hasta la zona del accidente. Desde allí, los familiares acudieron a la Comandancia de la Guardia Civil en Toledo, donde presentaron la denuncia por desaparición y facilitaron muestras de ADN para las labores de identificación.

Los trámites se prolongaron durante horas. Esther recuerda que llegaron sobre las 18.30 horas y que no terminaron hasta después de las 23.00. Pese a la espera, destaca el trabajo de los agentes, que les atendieron durante todo el proceso, y la ayuda de los voluntarios que colaboraron en la gestión de las familias.

El perro de Pepe ya está con su familia

En medio de la incertidumbre, la familia ha recibido al menos una noticia que les ha permitido recuperar una pequeña parte de la tranquilidad: Trece, el perro de Pepe, que viajaba con él en un transportín y había desaparecido en los primeros momentos tras el accidente, fue localizado por la Guardia Civil y entregado a su cuñada.

De Pepe, sin embargo, todavía no tienen noticias. Esther lo describe como un hombre de 1,92 metros de altura, con el pelo blanco y un pequeño hoyuelo en la barbilla. Son los rasgos que conserva presentes mientras espera una llamada que confirme que su hermano sigue vivo.

Los heridos más leves del accidente en el que han colisionado un tren AVE con otro de Iryo en pabellón municipal de Urda (Toledo) donde son atendidos.EFE

Bembibre busca a Tamara González Costa

La incertidumbre también golpea al Bierzo. Tamara González Costa, una joven de 31 años vecina de Bembibre, figura en los llamamientos difundidos por familiares y allegados para tratar de localizarla después del accidente ferroviario de Urda.

Según los datos compartidos en las redes sociales para facilitar su búsqueda, Tamara viajaba por motivos laborales en el tren de Renfe con destino a Sevilla y ocupaba el asiento 12B del vagón 8. Los mensajes difundidos incluyen su fotografía y algunos rasgos físicos para ayudar a identificarla.

Sus familiares se han desplazado hasta Toledo para intentar averiguar qué ha ocurrido y comprobar si se encuentra entre los pasajeros atendidos en los hospitales. Por el momento, sin embargo, no existe confirmación oficial de que Tamara figure entre las personas desaparecidas por el accidente. 

El Ayuntamiento de Bembibre ha expresado su preocupación por la situación y se ha puesto a disposición de los familiares para ofrecerles ayuda en estos momentos de incertidumbre.

El apoyo a las familias durante la espera

Los familiares permanecen alojados en Toledo, en un dispositivo de acogida habilitado para atender a los allegados de los desaparecidos. Allí reciben asistencia psicológica, comida y acompañamiento de voluntarios y profesionales que intentan hacer más llevaderas unas horas marcadas por la angustia.

«Hay muchísimos psicólogos, muchísima gente colaborando, muchísimos voluntarios. Está todo el mundo pendiente de todo, ofreciéndote constantemente comida», destaca Esther, que también califica de «espectacular» la atención recibida por parte de la Guardia Civil.

En el alojamiento coinciden familiares llegados de distintos puntos de España, unidos por una misma incertidumbre: no saber qué ha ocurrido con sus seres queridos. Mientras esperan noticias oficiales, intentan sostenerse unos a otros y aferrarse a cualquier indicio que permita mantener la esperanza.

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Para las familias ese hilo de esperanza sigue intacto. Aún no ha llamado y nadie les ha confirmado dónde está, pero mientras no haya noticias definitivas, se agarran a la posibilidad de que sigan con vida. «La esperanza, siempre», resume Manuel.