OPINIÓN Fernando Jáuregui
El centro y el anticentro
José María Aznar culminó este domingo una etapa de ofensiva política en toda regla, y no se recató a la hora de alardear de lo mucho que ha hecho en estas últimas semanas. Clausurando la Convención del Partido Popular, ante la que el sábado había anunciado que se presentará, el último de la lista, en la candidatura del PP para la alcaldía de Bilbao, Aznar desgranó lo que podría considerarse como una última promesa: «estamos venciendo al terrorismo», dijo. Y luego, habló mucho de centro-centro-centro. Los llamamientos al centro (antes, Fraga, muy despistado, se había referido a «la derecha») van a constituir, sin duda, el gran mensaje aznarista de los próximos meses, de la misma manera que Zapatero trataba, a la misma hora y clausurando su propia convención socialista, de desmontar esa idea de que el PP está centrado. Así que volvemos casi a donde solíamos en 1982, cuando los socialistas alcanzaron su gran victoria frente a UCD y ante una Alianza Popular escorada a la derecha testimonial: todos tratan de ocupar el centro, presunto granero de votos. Menos Fraga, claro, que hizo, este domingo en la clausura de la Convención del PP, un discurso nostálgico, algo deshilachado y muy aplaudido, sentimentalmente aplaudido. Pero Fraga ya no tiene nada que ver con Aznar, y el presidente, a quien le queda año y medio efectivo en La Moncloa (puede que más que a Fraga al frente de la Xunta), hizo un discurso eficaz, con frecuentes alusiones a la reforma del Código Penal emprendida desde la Navidad. Y también con una cerrada defensa de la Constitución, a la que Aznar parece ver víctima de ataques reformistas. Está Aznar sobrado, muy seguro de sí mismo, y abriendo claramente carpeta preelectoral. Dijo tener cuatro prioridades: el cuidado de los mayores, la vivienda de los jóvenes, la integración de los inmigrantes y la calidad de la educación. Puro afán electoral, búsqueda de votos, como se ve. De la misma manera que los socialistas, en su propia convención (conferencia autonómica llamaron a su contraofensiva de imagen frente al PP este fin de semana), se lanzaban a enumerar más de una veintena de promesas electorales. El fin de semana de doble convención, la popular y la socialista, inaugura, qué duda cabe, una nueva etapa. Populares y socialistas se lanzaron mutuos venablos a cuenta de Galicia y de otras muchas cosas (Zapatero sí habló de la amenaza de guerra contra Irak, tema candente que Aznar evitó cuidadosamente, lo mismo que cualquier otro tema de política exterior). La precampaña electoral, que desembocará en una primera etapa en las elecciones municipales y autonómicas del 25 de mayo, y en una segunda en las elecciones generales de marzo de 2004, se ha iniciado ya de hecho. Una guerra en la que casi todo va a valer y que, para desgracia de los periodistas políticos, se va a centrar mucho, es de temer, en los actos y mítines de sábados y domingos. Ya digo: todo vale.