Joseba Pagazaurtundua buscó la vida en el exilio pero volvió con la tregua

Un socialista pacifista en la diana de ETA

Una imagen reciente de Joseba Pagazaurtundua, asesinato ayer por ETA

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León

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Joseba Pagazaurtundua sabía que los etarras prefieren matar a gente como él, «porque saben que hemos estado comprometidos en la lucha por las libertades y no podemos perderlas ni ante ellos». Socialista, miembro de «Basta Ya» y carente de escolta, circunstancias como esas colocaron hace tiempo al jefe de la Policía Municipal de Andoaín (Guipúzcoa) en el punto de mira de ETA. Pero en los últimos tiempos este hombre «valiente y muy íntegro», de 45 años, casado y padre de un niño y una niña, había bajado la guardia y desayunaba todos los días a la misma hora en el mismo bar en el que hoy se tomaba un café cuando fue tiroteado. «Ertzaina» antes que policía local, las amenazas le obligaron a «exiliarse» en La Guardia (La Rioja), pero con la tregua de ETA retornó a Andoain, gobernada por Batasuna pero muy próxima a su localidad natal de Urnieta, e ingresó en la guardia urbana. «La policía municipal de Andoain está atada de pies y manos, el papel es jorobado, porque si los que tienen que sancionar son los mismos que pintan...», denunciaba en público sin recato. La persecución que sufría en su pueblo, donde era un vecino «muy conocido», incluye la quema de su coche en 1990 y el lanzamiento de «cócteles molotov» contra su vivienda y contra otro vehículo de su propiedad en 2001. Pero las alarmas saltaron con mayor gravedad tras la detención de varios comandos que tenían «planes muy definidos» para acabar con él y con su amigo José Luis López de Lacalle, con quien conversaba a menudo en el mismo en el café en el que este sábado intentaron matarle. Pagazaurtundua llegó a ver la huida de uno de los asesinos de su amigo, y prestó declaración, como testigo protegido, en aquel juicio de la Audiencia Nacional. Acostumbrado a la presión, cada vez que entraba en un comercio se colocaba al final del establecimiento, de espaldas a la pared, con un ojo pendiente de la puerta. Y si se acercaba alguien «raro» se lleva la mano al costado, donde siempre llevaba su pistola reglamentaria. Hoy le falló el instinto. El enrarecido ambiente de Andoain y el gobierno «batasuno» en el ayuntamiento del que es funcionario le llevaron a solicitar la baja laboral por razones de seguridad. Hermano de Maite Pagazaurtundua, concejal y ex parlamentaria socialista, este sargento afiliado al PSE, militante de UGT y «ferviente» constitucionalista, forma parte del grupo de partidarios de Nicolás Redondo Terreros y Rosa Díez. Sus firmes convicciones le hicieron uno de los más activos colaboradores de «Basta Ya». En las manifestaciones de la plataforma se encargaba de la «organización» y de tomar medidas extraordinarias de seguridad. En los últimos días trabajaba en una campaña para movilizar a los ciudadanos en defensa de las personas amenazadas por los terroristas y su entorno. Durante su juventud, Pagazaurtundua perteneció a ETA político-militar, la facción de la banda que abandonó las armas durante la transición. Siempre pensó que fue un error esa contribución suya a la construcción del monstruo terrorista, y esa convicción fue la que después le llevó a luchar sin tregua contra él. Hoy perdió la batalla por seguir vivo, víctima de tres balas etarras.

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