El lendakari Ibarretxe abandonó la manifestación de Andoain entre gritos de «traidor» e «hipócrita»
Los socialistas vuelcan sus iras por el atentado contra el nacionalismo vasco
La rabia no fue contenida y la división entre no nacionalistas y nacionalistas -ayer entre el PSE y el PNV- se dejó ver sin ningún tipo de velo e
El lendakari Juan José Ibarretxe y varios miembros de su gobierno -como el consejero de Interior, Javier Balza, y de Políticas Sociales, Javier Madrazo- participaron en la manifestación de Andoain convocada por el PSE y la UGT, sindicato del que también era miembro Pagazaurtundua. Pero el jefe del Ejecutivo y sus consejeros apenas se dejaron ver. Ibarretxe y otros líderes nacionalistas, que llegaron por uno de los laterales, se situaron conscientemente a la mitad de la manifestación, muy lejos de las cámaras y de la cabeza de la marcha, evidenciando así el palpable distanciamiento entre socialistas y nacionalistas tras el asesinato del policía local y militante del PSE. Ni un saludo, ni siquiera un gesto entre los integrantes del tripartito de Vitoria y los dirigentes socialistas nacionales y vascos, que minutos antes se reunían en la Casa del Pueblo de la localidad sin presencia de miembros de otras formaciones. Una familia socialista, la de Euskadi, que estuvo encabezada por los secretarios del PSOE -José Luis Rodríguez Zapatero-, del PSE -Patxi López- y de UGT -Cándido Méndez-. Tras ellos y tras la pancarta que lucía el lema «ETA no», miles de personas recorrieron las calles de Andoain durante casi 40 minutos bajo la lluvia. Codo con codo con Zapatero -un gesto de clara lectura en una manifestación cargada de simbología- estuvo el ministro de Justicia, José María Michavila. El PP quiso significar su respaldo a este acto de claros tintes socialistas con la presencia de otro ministro, el de Administraciones Públicas y secretario general de los «populares», Javier Arenas, que se mantuvo en un segundo plano. En silencio, miles de socialistas de Euskadi y no demasiados vecinos de Andoain recorrieron las calles que hasta el pasado sábado patrullaba Pagazaurtundua. Unas calles en las que hoy las pintadas contra ETA y sus acólitos habían sido sobrescritas encima de los habituales lemas callejeros de apoyo a la banda terrorista y sus presos. La rabia de los manifestantes fue acrecentándose, según la marcha recorría algunas de las zonas donde abundan los bares radicales y las clausuradas herriko tabernas, sedes sociales de Batasuna. Los gritos de «asesinos» y «chivatos» atronaron entonces en el cielo de Andoain. Entre los militantes socialistas, también se pudieron oír algunas consignas contra el Gobierno vasco, aunque éstas sólo se generalizaron al final de la marcha, tras escuchar las palabras con las que Patxi López cerró el acto. El líder de los socialistas vascos era amigo de Pagazaurtundua. Visiblemente irritado, López tampoco quiso guardar las apariencias y no dudó en arremeter contra el nacionalismo excluyente y contra Ibarretxe, a quien no citó directamente. El lendakari, rodeado de militantes socialistas, aguantó como pudo el chaparrón mientras López aseguraba tajante, entre aplausos, que «no hay soluciones ni planes con los que contentar o acallar a la bestia», en clara referencia al plan soberanista del Ejecutivo de Vitoria. El encendido discurso de López fue demasiado para el lendakari, al que sólo minutos antes Rodríguez Zapatero, más templado que el líder del PSE, había recordado que «el único proyecto político que cabe en Euskadi es acabar con ETA». La respuesta de Juan José Ibarretxe no se hizo esperar: segundos después del final, también por un lateral, abandonó apresuradamente el frontón, donde concluyó la marcha entre gritos de militantes socialistas de «traidor», «hipócrita», «cobarde», «corre» e «Ibarretxe, grita asesinos».