«Somos víctimas de una secta de extrema derecha dirigida por un presidente sin cultura» Alfredo Bryce Echenique (escritor)

Los «Al-Quds», la amenaza escondida

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León

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El coronel Robert Knapp elige cuidadosamente las palabras para no dejar en entredicho el orgullo de los marines, y los califica de «distracción». Lo cierto es que los Al-Quds, grupos de fanáticos islámicos armados por la Guardia Republicana, acechan los movimientos de las tropas americanas y les atacan al menor descuido. De nuevo, a esto se le llama «hostigamiento», en palabras del alferez coronel Clark Lethin. «La mayoría no lleva uniforme sino que viste en ropas de civiles, han tenido algún entrenamiento y llevan armas pequeñas como el Ak-47, granadas de propulsión (RPG) y morteros ligeros», explica. Con ese modesto equipamiento bélico han logrado ralentizar el movimiento del ejército estadounidense y forzarle a reforzar las medidas de seguridad. En el campamento del Batallón del Cuartel General se esperaba un ataque anoche. Los marines de las trincheras que rodean el campamento habían observado «actividad sospechosa» de varios coches de civiles que, según ellos, «nos estaban vigilando». La comandancia observaba ayer que iba a ser la segunda noche que pasaríamos en ese emplazamiento, lo que aumentaba el riesgo de ser atacados. Como consecuencia, habremos dormido con el casco y la chaqueta metálica, las botas puestas, listos para saltar a los agujeros que los marines habían cavado durante el día para protegernos de las bombas en caso de que aparecieran. A lo largo del día todos habían limpiado cuidadosamente sus armas varias veces para asegurarse de que no se encasquillarían cuando tuvieran que usarlas, y aquellos que están autorizados se llenaron los bolsillos de granadas. Los Al-Quds, según Lethin, tienen misiones prácticamente suicidas cuyo principal objetivo es causar el mayor número de inconvenientes entre las fuerzas aliadas para retardar su avance. «Se les dice que si sobreviven deben reunirse en una determinada población, donde se les reunifica con otro comando y se les lanza a una nueva misión», explica el alférez coronel Lethin. La inteligencia estadounidense ha detectado varias ciudades de reagrupamiento, principalmente pequeñas poblaciones al oeste del país. Pese a saber donde se esconden, los marines pasarán de largo. «Nuestra misión es llegar a Bagdad», insiste. Bajo esta filosofía se alza el convencimiento de que una vez que se acabe con Sadam los comandos de resistencia caerán por su propio peso. «Todavía no lo han hecho porque Sadam sigue vivo, o al menos eso es lo que ellos creen», interpreta Lethin. La comandancia sobre el terreno confía en que la inteligencia estadounidenses haya puesto a los misiles de precisión y a las fuerzas especiales sobre las huellas de Sadam, para la que la batalla de Bagdad sea el final de la guerra.

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