Publicado por
León

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Ha ocurrido lo que se temía que era inevitable. Un misil ha impactado en un supermercado y al menos quince civiles han perdido la vida. Es la guerra, lo demás es propaganda barata para conseguir adhesiones populares, no perder muchos votos, calmar conciencias y vender una «guerra limpia y corta» gracias a las armas inteligentes. La realidad es muy distinta. Las bombas matan y cuando hacen blanco en un supermercado, matan civiles. Ha pasado en Bagdad. Pasó en Afganistán, en Kosovo, en Belgrado, en todas las guerras. Lo que ocurre es que hay veces que los estragos de muerte se pueden ver más o menos, depende de muchos intereses. En la guerra del Golfo de 1991 apenas vimos cadáveres. Los bombardeos se prolongaron durante cinco semanas y media y a ninguno de los dos bandos le interesó demasiado enseñar los destrozos. Ahora, lo primero que ha hecho el régimen de Sadam Husein es permitir que los fotógrafos internacionales mostraran el pie desgarrado de una niña, el gesto atemorizado de los marines hechos prisioneros y la masacre «inteligente» en un supermercado de Bagdad. Frente a eso, los aliados se ciñen a una información lo más técnica posible y a un control férreo de los 620 periodistas que acompañan a sus tropas. Pero por mucho que se empeñen, la guerra es la guerra y aunque los periodistas nos autocensuremos, será difícil mantener la complicidad de las televisiones norteamericanos para que los ciudadanos no se empapen del horror bélico. ¡Qué se esperaban!. Nadie se da un paseo militar cuando invade un país donde la gente defiende su casa y los acólitos del régimen su pellejo. Más allá de las dificultades que encuentran sobre el terreno las tropas aliadas, dejando aparte el terrible hamsin del desierto, la guerra transcurre por unos cauces imprevisibles donde lo que está claro es que el objetivo prioritario es acabar con Sadam Husein para que el régimen se desmorone y el control del país sea menos sangriento y costoso. Pero esa estrategia, sin gran presión en el norte, con pocas unidades por el oeste jordano, y escasa capacidad de sorpresa significa gran número de bajas.

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