«La influencia del conflicto bélico no será decisiva en las elecciones» Carlos Fernández Carriedo
Los rebeldes

El pasado 15 de febrero pasará a la historia como el día en que más de diez millones de personas salieron a las calles de las ciudades de los cinco continentes a decir no a la guerra contra Irak. La magnitud de la protesta hizo que Patrick E. Tyler escribiera en The New York Times que no había una sola superpotencia en el planeta, sino dos: Estados Unidos y la opinión pública mundial. Ese fenómeno excepcional de manifestaciones globales fue una señal, según el analista, que los políticos no podían permitirse ignorar. Detrás de esa convocatoria estaba el Foro Social Mundial, que desde hace tres años agrupa en la ciudad brasileña de Porto Alegre con un objetivo común: oponerse a la globalización. Pero este movimiento anti-guerra que es especialmente pujante en EE.UU. y Europa no es algo organizado, sino más bien espontáneo y descentralizado. El uso de Internet como medio de comunicarse y de convocar protestas, la ausencia de líderes y la participación decisiva de los jóvenes, incluso adolescentes, son las principales características de este nuevo pacifismo, sin precedentes en la historia. Si se consolida, podríamos estar hablando de la repolitización de una generación que se había replegado en el individualismo y que abominaba de la política. Pero se trata de una lucha por los ideales de paz y justicia que supera a los partidos y sindicatos tradicionales, que se han unido a las manifestaciones en papeles subalternos. La referencia histórica son las protestas contra la guerra de Vietnam, que como recuerda Eric Leser en Le Monde, fueron uno de los pocos momentos en que la calle pesó más que el Gobierno en este país. Aquí mostrarse contrario a la contienda es más difícil, ya que más del 70% de los ciudadanos están a favor y, además, hay un patriotismo exacerbado. El pacifismo en EE.UU. es esencialmente urbano -en las ciudades el 47% se opone a la guerra frente al 25% en las áreas rurales-. Nueva York es, pese a haber sido el objetivo de los terroristas del 11-S, la gran urbe más antibelicista. Las encuestas muestran que una mayoría de estadounidenses no blancos -sobre todo, afroamericanos e hispanos- es contraria a la guerra. La principal plataforma antibelicista es la Unidad para la Paz y la Justicia, que agrupa a 200 asociaciones pacifistas. Las diferencias ideológicas en esta nebulosa son notables. Los menos numerosos son los más combativos, sobre todo estudiantes ya comprometidos en la antiglobalización, que quieren parar la contienda por todos los medios, ya sea la desobediencia civil, la provocación o el boicot a los que sacan partido de la guerra, las multinacionales. Uno de los grupos más importantes es Acción Ditecta para Parar la Guerra, que logró bloquear el centro de San Francisco en una protesta en que fueron detenidas 2.300 personas. Otro de ellos es la Coalición M27, que reúne a 35 movimientos de extrema izquierda y anarquistas, y actúa en Nueva York. Adolescentes, estudiantes, colegiales, incluso niños de apenas 12 años, están en primera línea de las protestas en el Reino Unido, donde el apoyo a la guerra es del 60%. Una juventud -la generación zzz, a la que no parecía importarle lo que pasaba a su alrededor- que ha despertado espontáneamente, sin atender a una dirección centralizada. Los e-mails y el teléfono móvil son sus nuevas armas. Junto a ellos, se moviliza la izquierda (laboristas, sindicatos y organizaciones marxistas), los ecologistas y los antimundialización. El símbolo de los pacifistas de Italia es el arco iris. Los llamados altermundialistas son el núcleo fundamental del Arcobaleno y se caracterizan por su oposición al neoliberalismo y el rechazo de la violencia. Grupúsculos políticos, partidos de oposición, ecologistas y grupos ciudadanos se han unido en esta constelación en nombre de la paz. El lema que se ha impuesto procede de EE.UU. «Bombardear para la paz es como follar para la virginidad». El analista del Corriere della Sera Ernesto Galli destaca una de las contradicciones de los anti-guerra: en su banderas y camisetas llevan la imagen del Che Guevara. En España el rechazo a la guerra es superior que en cualquier otra democracia occidental, por encima del 90%. Por ello, entre los contestarios hay ciudadanos muy diversos. Lo que sí es cierto es que los grupos antiglobalizadores han tomado la iniciativa frente a los partidos y los sindicatos. En Madrid, el Foro Social de Madrid y Cultura contra la Guerra son dos de los movimientos más activos, aunque también destacan otros grupos antisistema. Doce personas, dos por cada uno de los seis principales grupos, se reúnen casi en secreto para decidir cuándo y dónde movilizarse. En Barcelona, el protagonismo pertenece a Aturem la Guerra (Paremos la guerra), que reune a 250 organizaciones heterogéneas, desde ONG, ecologistas, antiglobalización, sindicatos, colectivos profesionales y todos los partidos menos el PP.