«Va a ser difícil recoger el premio a la Música con la gente muriendo» Miguel Ríos
El Stanligrado iraquí

En los análisis militares sobre el cerco a Bagdad publicados ayer por diversos medios estadounidenses se podía leer entre líneas que la batalla por el control de la ciudad iraquí puede provocar innumerables víctimas civiles. «Si no hubiera civiles sería sólo una batalla más pero con ellos en Bagdad, tomar la ciudad puede ser un absoluto caos». Así se expresaba el coronel retirado Johnny Brooks, quien aseguraba que la guerra en Irak ha llegado a su fase más peligrosa puesto que las tropas estadounidenses se enfrentan a un terreno en el que de poco vale su superioridad tecnológica. Otro militar comparaba en The Washington Post el asedio a Bagdad con la batalla de Stalingrado y nuevamente volvía a poner el acento en las complicaciones que tendrá para los norteamericanos entrar en una ciudad llena de civiles. «Los nazis no tenían que preocuparse por ellos. Nosotros vamos a tener que realizar acciones muy violentas pero habrá que evitar la trampa de reducir a escombros la ciudad y prescindir de la utilización de las clásicas operaciones de limpieza a gran escala». Tanto énfasis en subrayar las complicaciones que conllevan los cinco millones de civiles que permanecen en la capital iraquí solo puede indicar una cosa: ir preparando a la opinión pública para la más que posible sangría de civiles que provocará la toma de Bagdad. Si en medio del desierto y en localidades pequeñas no han podido evitar sus muertes, parece más que probable que ellos sean los principales perjudicados de los próximos movimientos aliados. La opción de intentar vaciar la ciudad antes de comenzar la batalla ha sido descartada porque la creación de gigantescos campos de refugiados crearía serios problemas humanitarios. Por eso lo primero que han hecho los norteamericanos es intentar ganarse el apoyo ciudadano, repartiendo panfletos y lanzando invitaciones a través de la radio y la televisión para que los habitantes de Bagdad se rebelen contra el régimen de Sadam y ayuden en lo posible, o al menos no impidan el avance de las tropas que dirige el general Franks. La idea de partida, según el diario de la capital estadounidense, es imponer un cerco holgado y flexible que permita la salida de civiles y la entrada de ayuda humanitaria. A pesar de las comparaciones con el sitio a Stalingrado, los norteamericanos quieren evitar precisamente que la campaña se convierta en algo tan prolongado como aquello, (el asedio de los nazis a la ciudad rusa duró seis meses) y por eso el apoyo de la población también es básico. Ataques aéreos contra objetivos precisos y acciones rápidas de las Fuerzas Especiales contra centros de comando del gobierno apoyados por la infantería ligera serían las estrategias principales para tomar la ciudad, según The New York Times. Antes de eso Bagdad se dividiría en secciones geográficas sobre las que se iría avanzando, expulsando a los soldados iraquíes y asegurándolas una a una para instalar en ellas el control norteamericano. En estos momentos se calcula que hay entre 15.000 y 20.000 soldados de la Guardia Nacional de Sadam esperando para entablar lo que todos los mandos militares temen: una guerra de guerrilla.