¿Dónde están las armas de destrucción masiva?
Tras meses de acusaciones que llevaron a la guerra, pasados los 20 días de invasión y a punto de que se resuelva el conflicto, Estados Unidos sigue sin haber encontrado una prueba concluyente de que el régimen de Sadam Huseín poseyera armas de destrucción masiva. Se han encontrado trajes de protección para ataques químicos y «materiales sospechosos» pero ni rastro de las armas en cuestión. «Pueden ser difíciles de encontrar. Los iraquíes son expertos en esconder y engañar», ha argumentado incesantemente la portavoz del Departamento de Defensa de EE. UU., Victoria Clarke, cada vez que se le ha preguntado qué ha pasado con las famosas armas. Las acusaciones de Estados Unidos y Reino Unido de que Bagdad estaba escondiendo armas químicas, biológicas o nucleares constituyeron el argumento más citado por Washington para atacar Irak. En su intento por justificar la invasión la Casa Blanca acusó a Irak de tener un arsenal de 500 toneladas de gases nervioso y mostaza y material suficiente para producir 25.000 litros de ántrax y 38.000 litros de la toxina del botulismo. La mayoría de los analistas en Estados Unidos cree que Sadam tiene al menos una pequeña cantidad de armas químicas o biológicas. Si no, dicen, podría haber desarticulado la invasión demostrando que había destruido las armas que ya tenía en inventario. Pero si es verdad que Irak posee armas químicas, Sadam ha hecho prueba de una contención realmente destacable, a pesar de que su Gobierno ya se aboca a su destrucción. Pero entre los analistas se cree cada vez más que es muy probable que Irak poseyera muchas menos armas de destrucción masiva de lo que en un principio se sospechó. En ese caso, desde Washington se argumenta que Sadam almacenó una pequeña parte de las armas prohibidas porque sabía que sus científicos y sus fábricas le permitirían producirlas una vez que acabaran las inspecciones de las Naciones Unidas.